La Rioja

Yannick Carrasco festeja su gol al Bayen de Múnich, el que le dio el triunfo al Atlético. :: efe
Yannick Carrasco festeja su gol al Bayen de Múnich, el que le dio el triunfo al Atlético. :: efe

El Calderón disfruta sufriendo

  • El Atlético optimizó un gran gol de Carrasco y perdonó la sentencia ante un Bayern que se estrelló con Oblak

madrid. El Calderón se ha acostumbrado a que vivir un duelo de Champions sea sinónimo de jornada festiva. El Atlético tumbó al Bayern como hiciera cinco meses atrás, con un gol lejano y tras una demostración de que sabe sufrir y optimizar sus recursos como nadie. Antes del gol de Carrasco llamó la atención que muchos de los aficionados mezclados hablaban de revancha de lo sucedido en primavera. La memoria es selectiva y entre los aficionados colchoneros ya pesa más la gesta reciente que el dolor antiguo infligido por Schwarzenbeck. En 1974 muchos de los que lloraron en Lisboa y Milán no habían nacido. No se sienten perdedores. Para ellos, la tercera será la vencida. La 'tercera' de Cholo. No pierden la fe de que con Simeone volverán a disfrutar de una final.

De nuevo el enfrentamiento fue un choque de estilos, pero menos acuciado que cinco meses atrás cuando Pep Guardiola estaba en el banquillo bávaro. La posesión era visitante, donde Xabi Alonso, silbado por su pasado blanco, y Vidal, cuyas acusaciones de juego poco vistoso no se olvidan en el Manzanares, permitían que Thiago pusiese la magia. Aunque a veces abusó de lo estético, se inventó un pase a la espalda para que Muller volviese a toparse con Oblak, como aquella noche de abril en Múnich. El alemán insistió toda la noche, pero regresó a Baviera con la misma fustración que se quedó tras el penalti del Allianz Arena.

Superado el arreón inicial alemán, el Atlético, liderado por un Koke que se exhibió ante Lopetegui jugando por dentro, se empezó a soltar. Presionó, de esa manera organizada que adora Cholo, con mucha fe y determinación. Con ese carácter que históricamente parecía limitado al Bayern. El juego bávaro ya no era tan fluido, el asunto transcurría algo más denso pero con fogonazos. Las opciones locales fueron llegando, muchas de ellas tras los movimientos de un Torres que hizo dupla con Griezmann, ambos sin suerte en el remate.

Estaban negados. Ni aprovechando los errores ajenos. Javi Martínez se confió al sacar el balón, se la dejó al 'Niño' que al intentar driblar al navarro perdió la opción de sorprender a Neuer. Fue mucho peor lo que marró después, a un metro de la línea, cuando un córner peinado por Saúl le quedó para embocar pero la desvió de cabeza directamente al poste que tenía delante. Gozó de una tercera en media hora, pero dentro del área ante Neuer se llenó de balón y encontró el lateral de la red. La grada le cantaba, fiel a su ídolo. Tenía fe en el que el tanto llegaría.

Llegó, pero no en botas de su admirado '9', que se fue a la ducha más tarde cabizbajo, pese a la tremenda ovación, por no ser capaz de finiquitar el duelo. El tanto decisivo lo fabricó Carrasco, que había rozado la gloria poco antes. Esta vez finalizó uno de sus carreras con un golpeo ajustado más que potente. Reaccionó el Bayern, pero a Ribéry le faltó el tino de Yannick a la hora de angular su disparo.

Ancelotti arriesgó con los cambios. Robben entró a percutir ante Filipe, otra vez soberbio, colocó a Hummels para defender con tres, ya que Alonso actuaba por delante de la pareja de centrales y los laterales se convirtieron en interiores. Optó además por Kimmich en lugar de Thiago, que se jugó la expulsión en varias situaciones que tuvo que cortar los veloces carreras locales. En uno de esos contragolpes Carrasco, luego relevado por Gameiro, estuvo a punto de sorprender a Neuer, que jugó medio partido fuera de su área.

El Bayern achuchaba, pero el Calderón ya ha conseguido aprender a disfrutar con los sustos hasta el final, ya que Griezmann marró un claro penalti, forzado de modo inteligente por Filipe. La grada, pese a que podía recordarle al fallado en Milán, le coreó. Faltaban diez minutos. Cánticos a Oblak cuando detuvo los disparos y si los remates visitantes se iban desviados, suspiro y arenga. El Calderón sufre, pero sabe que más lo hace el rival cuando se marcha de vacío. El premio es para el Atlético, convertido en gigante europeo.