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Zinedine Zidane baja la mirada en el partido del miércoles. :: efe
Zinedine Zidane baja la mirada en el partido del miércoles. :: efe

Los hábitos peligrosos del Real Madrid de Zidane

  • El equipo blanco es capaz de ganar cualquier partido, pero no esconde sus problemas de actitud y con el fútbol

MADRID. Según se mire la botella, de la agónica victoria del Real Madrid en su estreno de Champions ante el Sporting de Portugal se puede colegir que fue un triunfo de un equipo que no se rinde jamás y posee un gen de campeón sin parangón mundial, o bien que fue el éxito afortunado de un conjunto que juega con fuego, aplica con frecuencia la ley del mínimo esfuerzo y más pronto que tarde se quemará.

De forma implícita, a la hora de felicitar a sus hombres, el propio Zinedine Zidane se refirió a esas luces y sombras que caracterizan a su equipo, convencido de que por su grandeza puede resolver en un pispás. «Estoy contento porque los jugadores creyeron y no bajaron los brazos hasta el final. Aquí todos sabemos que un partido puede cambiar en un minuto», dijo el francés, todavía con sudores fríos porque una derrota hubiera complicado la andadura de los blancos en un grupo trampa, ya que tanto el Borussia Dortmund como el ejército de Jorge Jesús resultan peligrosos.

Aunque ha hecho pleno de victorias en esta temporada, el equipo blanco arrastra problemas de actitud, de juego y de banquillo. Durante gran parte de los partidos, muchos jugadores caminan y la piden al pie, en lugar de tirar desmarques y de ofrecerse. Como si asumieran que con un par de detalles les bastase para vencer.

Zidane aterrizó con las ideas muy claras y exigió a su equipo que dominase y llevase la iniciativa, pero ya se observa una marcada tendencia al repliegue y a sorprender en velocidad. Hábitos peligrosos de un equipo que ha decidido en los últimos diez minutos ocho de los 32 encuentros oficiales jugados bajo la dirección de Zizou. En este curso ha apelado a la épica en tres de sus cinco compromisos: venció en la Supercopa de Europa por 3-2 al Sevilla, con goles de Ramos en el 93' y de Dani Carvajal en el 119'; al Celta (2-1), con ese pase a la red de Kroos en el 81'; y el miércoles al Sporting de Portugal (2-1), fruto de los tantos de Cristiano en el 89' y de Morata en el 94'.

Aunque en el duelo de Champions le funcionaron los cambios tardíos, y así lo dijo el propio Zidane tras el choque, quizá se demoró en realizarlos, ya que Lucas Vázquez, Morata y el colombiano James Rodríguez, mucho más participativo e influyente que el curso pasado, se incorporaron a partir del minuto 67'. El francés trata de contentar a las vacas sagradas y es reacio a cambiar el 4-3-3, aunque los adversarios le compliquen la salida del balón con un 4-1-4-1 en el que Sergio Ramos, Kroos y Modric se vean presionados. Acertó al mantener a Cristiano, muy por debajo de su nivel pero con tanta calidad que marca la diferencia con un par de fogonazos.

Al margen de la victoria y de esa capacidad única para salir a flote con el agua al cuello, llama la atención en este Madrid la importancia que van adquiriendo los jugadores españoles. Ninguno es titular, pero jóvenes con talento, compromiso y conocedores de lo que representa el escudo, le dan un plus al equipo. Con Isco aún fuera de punto, tipos como Marco Asensio, Lucas Vázquez y Morata regeneran al equipo, le revitalizan, encienden a la afición y calientan el 'teatro' del Bernabéu.