FIEBRE EN LAS GAUNAS

Todos inoculados

Banderas independentistas y un 'tifo' en las gradas de Motilivi. :: afp/
Banderas independentistas y un 'tifo' en las gradas de Motilivi. :: afp

VÍCTOR SOTO

El mejor resumen del 'procés' podría haberlo firmado un brillante politólogo, tal vez un 'chief executive manager' de un 'think-tank' o un prestigioso jurista de bufete y pajarita. Y, sin embargo, creo que ha sido un honrado delincuente el que ha dado en el clavo.

Un pobre preso, reo por quebrantar un par de artículos del Código Penal (que sé yo, por un hurto con fuerza, por receptación de maquinaria agrícola, falsificación de moneda o exhibicionismo impúdico) ha estallado. Ni una semana después de compartir celda con uno de los líderes independentistas que han alimentado a parte del monstruo (el otro lo tenemos nosotros, guardado en Madrid), el saturado malhechor (lo imagino tatuado y desdentado, pero yo soy así de tópico) ha dicho que no aguantaba más. Que por la privación de libertad pasaba, también por lo de las duchas compartidas. Incluso por el rancho y por no ver a su Mari (alguna bronca se ha ahorrado desde el día de la sentencia). Pero que le den la chapa, en un recinto de cinco por tres con ventanuco y sin salida, minuto sí y minuto también con el tema catalán no está contemplado ni en los códigos de tortura de los jemeres rojos.

Que le saquen de ahí inmediatamente y que al catalán le pongan a un sordo, que si no le mira a los labios podrá aguantar más que él, que no está para esos trotes.

Porque a la espera de lo que ocurra hoy en otro día histórico (ya abundan más que días normales), el conflicto catalán ha saturado al más pintado por abuso burdo y expansión irracional. El fútbol, por ejemplo, ha caído a sus pies. Primero, el Barça; ahora, el Girona. La gesta de los gerundenses podría haber sido simpática (acuérdense de ese gol de Torres Mestre con el Logroñés ante los blancos) si no hubiese estado envuelta en una previa de 'esteladas' y excitación y un postpartido de ridiculez.

Así, el presidente de la Generalitat (o ex o lo que sea ahora), escribió en Twitter, sobre el partido: «La victoria del Girona sobre uno de los grandes equipos del mundo es todo un ejemplo y un referente para muchas situaciones». La frase podría parecer vacía e incluso una chorrada si no tuviésemos inoculado ya el monotema catalán. Ahora se llena de dobles sentidos, de intencionalidad y bilis.

Cataluña y el independentismo han entrado hasta la cocina de todo, incluido el deporte, y resulta imposible evitarlo. Así que seguiremos asistiendo a los resultados de esa magnífica combinación de pasiones primarias políticas y futbolísticas. Violencia, banderas, insultos... Lo de casi siempre.

Y, sobre todo, mancillar esos recintos sagrados que antes servían de lugar de evasión, de paraíso artificial, de oasis de césped o parquet. Ya nada escapa de Cataluña. Ni los campos de fútbol ni las celdas de las cárceles. Así que no me extrañaría que, como se siga cumpliendo a rajatabla con la ley y las cárceles se llenen de cargos públicos catalanes, los delincuentes con pedigrí intenten fugarse en masa. Porque, ¿quién les garantiza que Puigdemont, Junqueras o Forcadell no podrían ser sus próximos compañeros de catre?

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