FIEBRE EN LAS GAUNAS

El infierno de los otros

Varios agentes de la Ertzaintza cubren y atienden a Inocencio Alonso. :: luis tejido/efe/
Varios agentes de la Ertzaintza cubren y atienden a Inocencio Alonso. :: luis tejido/efe

VÍCTOR SOTO

Seguro que han visto esta foto. El jueves, en los enfrentamientos entre hinchas del Athletic y del Spartak, un ertzaina murió. Tendido, asistido por sus compañeros, la vida se le escapa. Al fondo, una bengala encendida. Humeante de rojo fuego. La puerta del infierno.

Así de fácil es morir. Un día, en tu trabajo. Porque a algunos anormales les apetece lucir su lado más primario: pegarse, amenazar, insultarse. La excusa puede ser el fútbol o cualquier deporte. Lo importante es la violencia. Porque todo el mundo sabe que si matas a un aficionado rival o a un policía, a tu equipo le suman un gol en el marcador. Por eso tanto denuedo. Cuando amedrentas a un niño, el árbitro concede un córner. Cuando aciertas con una pedrada, un libre directo. ¿O no era así?

La excusa. La puta excusa del deporte para abrir, una y otra vez, las puertas del averno. Y después de la barbarie, las condenas. Rotundas, irrebatibles y, en el fondo, huecas. Porque nadie termina de poner el cascabel al gato rabioso. Lo sintetizó Estefanía Beltrán de Heredia, consejera de Seguridad del Gobierno vasco en una frase: «Pusimos el foco en los rusos y debimos ponerlo en los ultras de las dos hinchadas».

«El infierno son los otros», escribía Jean Paul Sartre. Y, en el fútbol, también. Los ultras, para los clubes, son siempre despreciables, con una sola excepción: los suyos. A estos o bien los miman o bien los tratan con condescendencia. «Chicos rebeldes, pero nuestros chicos», piensan.

No hay que irse muy lejos para ver ejemplos. Dos días después de la muerte de Inocencio Alonso en Bilbao, un grupo de ultras de la UD Logroñés se acercó a la salida del autobús de la plantilla rumbo a Pamplona. Bengalas, siempre bengalas, muchas capuchas y una gran pancarta: 'Todos a una FCK CAO'. Iniciales que sin darle mucho al magín significan 'fuck' Club Atlético Osasuna. Es decir, jode al Osasuna. Pocas horas después de una muerte, el club blanquirrojo ha logrado que más de 7.600 personas hayan visto un vídeo con un mensaje intrínseco de violencia. Sí, es leve. Sí, es una chiquillada. Sí, pero no fueron chiquilladas las peleas entre hinchas blanquirrojos y del Racing, del Oviedo, del Alavés, del Osasuna... Ahí siguen, en su sitio en Las Gaunas. Y con palmeros. Lo mismo ocurre en la gran mayoría de clubes, que prefieren acceder al chantaje de un campo caliente a la lógica exigencia de no dar nada a los violentos.

Porque a un estadio se puede ir a animar. Y gritar y reír y llorar por unos colores que son una parte de ti. Pero jamás emplear la violencia, ni usar el deporte (refugio de muchos y básicos valores) como pretexto para el enfrentamiento y la violencia. Porque los grupos ultras necesitan de carne fresca que vampirizar y corromper. Y la cadena nunca se rompe porque sigue habiendo muchos que no lo desean.

Recuerden ese infierno, esa foto, porque la van a ver más veces.

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