FIEBRE EN LAS GAUNAS

Mi hijo es el mejor

Neymar padre y Neymar hijo, a las puertas de la Audiencia Nacional. :: efe/
Neymar padre y Neymar hijo, a las puertas de la Audiencia Nacional. :: efe

El dinero y los caprichos de los papás entierran el fútbol de sentimientos y colores y fortalecen el mercantil

M. GLERA

Hace tiempo que el fútbol dejó de ser fútbol, entendido éste como un deporte en el que era suficiente con tener un balón, aunque no fuera redondo, y dos porterías, poco más que dos jerseys sobre la tierra. El fútbol es negocio y dinero; no es ni lágrimas ni colores. Intereses, empezando por los de casa.

Que cada padre tiene el mejor jugador del mundo en casa es lo más habitual en los campos de fútbol a día de hoy. Que muchos jugadores tienen representante cuando aún no han llegado a la edad juvenil, también; que todos los hijos van a sacar de pobres a sus hijos, también; incluso que los padres van a tener que decir algo interesante por el mero hecho de ser el 'padre de...', también.

Padres y directivos. Una mezcla explosiva. Un ejemplo, Neymar padre. ¿Quién es más importante, el padre o el hijo? Neymar padre decantó el fichaje de su hijo por el Barcelona y Neymar padre sacará a su hijo del Barcelona. Las cifras son mareantes: 222 millones de euros para las arcas del Barcelona; 180 millones netos para el jugador, repartidos en seis años; 40 millones de regalo por cambiar de camiseta; y 36 millones (eso dicen) en comisiones, que a tenor de cómo parece moverse esta familia no es descartable que algo se quede en el bolsillo. Papá guarda silencio; y el hijo, también. Y a todo esto, el dinero de Catar llevó a Neymar al Barça y el dinero de Catar le sacará.

¿Vendería a Neymar por 222 millones o le pagaría más para anular el enfado?

Para papá su hijo está a la altura de Messi, que ha renovado una decena de veces en una docena de años; y papá quiere que su hijo cobre como Messi. Y si no es en el Barcelona, en otro sitio. En este caso, París. No se trata de amor a los colores, sino de dinero. ¿Y qué dice el hijo? Silencio. Que hablen otros.

La irrupción de los papás ha alterado el orden. En el fondo se necesitan unos a otros porque a la renovación de Messi le sigue la de Neymar y a la de éste, la de aquel. Si la distancia económica se amplía, el brasileño se enfada; si se acorta, el argentino se cabrea. Y sus papás. Su hijo es el mejor. Y todo con la complicidad y la sonrisa tontorrona de quien una y otro vez les firma los contratos y luego saca pecho. Hasta que les dejan con las posaderas al aire. Lo curioso de esta historia es que aún acompañará algún dirigente más del Barcelona a Sandro Rossell en la cárcel mientras Neymar festeja sus goles con otra camiseta. Papá tiene claro que prefiere el dinero a la gloria deportiva; lo que no se sabe es qué quiere el gran protagonista de la historia. Así que, ¿vendería a Neymar por 222 millones o le renovaría a la espera del próximo enfado?

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