No hay hazaña imposible para Messi

«Hubiese sido una locura que Argentina no estuviera en el Mundial», reconoció el crack del Barça tras su triplete a Ecuador

DANIEL MEROLLA

BUENOS AIRES. Un muchacho de barrio llamado Lionel Messi, simple, silencioso, amigo de sus amigos pero hosco en el trato, cuyo lugar en el mundo es su natal Rosario y su familia lo más importante, cumplió la madrugada del miércoles la hazaña de llevar a Argentina al Mundial de Rusia 2018. Lo consiguió el delantero, uno de los mejores futbolistas de la historia, al marcar tres goles para remontar el partido contra Ecuador (1-3) en la dura altura de Quito, cuando la albiceleste caía al abismo. Rozó lo milagroso, con un poder asombroso.

«Estaba el miedo de quedar afuera. Hubiese sido una locura para Argentina, para nosotros, para todos... Teníamos que estar clasificados antes. Pero ahora hay tiempo para crecer, para cambiar», declaró Messi a la televisión al romper un silencio de varios meses en protesta de toda la plantilla por una denuncia de consumo de marihuana publicada contra Ezequiel Lavezzi. El seleccionador argentino, Jorge Sampaoli, hizo una revelación de la intimidad de la albiceleste después del encuentro. «Todos teníamos que llevar a Messi al Mundial; había que ayudarlo», afirmó. Ángel Di María destacó: «Hoy (por ayer) estuvo espectacular el enano... En los partidos anteriores no teníamos esa suerte de poder meterla y hoy se dio».

En el fútbol nadie gana solo nada. Son siempre once contra once, pero hay jugadores que están en otra dimensión. Un hincha brasileño en un bar de Buenos Aires lo supo poner en palabras: «Es un ET; es de otro mundo». «Cambiaría mis cinco Balones de Oro por un Mundial», dijo una vez Messi. Es la deuda que tiene consigo mismo y con la gente que lo adora.

Es la espina que tiene clavada y que ahora podría quitarse en Rusia. Su cuarta oportunidad de ganar una Copa del Mundo, después de las amarguras de Alemania 2006, Sudáfrica 2010 y Brasil 2014. Sólo con la conquista del título mundial Messi podría sentirse íntegro, completo, realizado.

Tal vez en la noche de Quito se le vino a la mente su peor momento en la selección. Fue cuando falló un penalti en la tanda perdida contra Chile en la final de la Copa América de 2016. Quería que la tierra se lo tragase. Aquella vez mostró con una renuncia a la selección cuánto la quería. Hay que amar mucho para tanta renuncia por sentirse incapaz de mostrar con la camiseta albiceleste su exitosa jerarquía en el FC Barcelona.

«Me duele no ser campeón con Argentina y me voy sin lograrlo. Es increíble, pero no se nos da. Son cuatro finales las que me tocó perder», anunció. Cayó también con Brasil en la Copa América de 2007, con Alemania en el Mundial de 2014 y con Chile en la Copa América en 2015. ¿A alguien le quedaban dudas de que el hombre de los récords con los azulgranas no podía querer con todo el alma triunfar con la selección de su país? ¿Lo suponen porque no canta el himno en la ceremonia previa?

Antes del partido anterior contra Perú (0-0), cuando los aficionados coreaban la canción nacional 'Ooo juremos con gloria morir...' lo captó la cámara de televisión y Messi no cantaba. Pero tenía una mirada temible. Parecía fulminar a algo o a alguien con los ojos. Su rostro tenía un ligero temblor, una mueca de furia. Preparaba la máquina de aniquilar rivales.

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