Final

Menos pitidos y más vítores para el himno español

El rey Felipe VI escucha el himno español en el palco del Wanda Metropolitano. /Afp
El rey Felipe VI escucha el himno español en el palco del Wanda Metropolitano. / Afp

La policía requisó en la previa del encuentro toda camiseta y bufanda independentista que portaban seguidores catalanes

LUIS F. GAGO

Más aplausos y vítores en favor del himno nacional español que silbidos en la cara 'b' del partido. Pese a la expectación generada durante toda la semana sobre cómo sería recibido el Rey alrededor de un ambiente tenso en Cataluña. La realidad es que no hubo tanta problemática como se esperaba. Los aficionados del Sevilla ayudaron a ello tarareando la Marcha Real. No les importó a los andaluces que les interrumpieran el himno del Arrebato con su entusiasmo habitual. Incluso en el graderío blaugrana se animaron a acompañar los compases en un ambiente de mucha cordialidad, pese a la difusa intensidad de los pitos. Ayudó la megafonía del estadio, que entronizó el ambiente a un volumen máximo.

El sentimiento nacionalista se hizo notar con nítidos gritos en favor de la independencia en la previa de la Copa y durante el encuentro que fueron acallados por una mayoría abrumadora de aficionados, incluidos muchos aficionados culés que portaban banderas rojigualdas. En la grada del fondo sur, donde estaban ubicados los aficionados catalanes, se pudo observar una gran cantidad de asientos vacíos.

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En esa zona, la presencia de las banderas españolas y 'esteladas' convivieron en todo momento. Bien es cierto que no hubo presencia de material independentista con el color amarillo característico de los últimos meses. La polícia se encargó de requisar –y tirar a la basura– en los alrededores y acceso toda camiseta o bufanda que se pudiera identificar con el 'procés'.

La parte desagradable en el plano extradeportivo quedó en las horas anteriores el choque. Unos radicales del Barcelona apedrearon un autobús con aficionados rojiblancos, empero no hubo heridos, tan solo algunas lunas rotas. Fue el punto negro a un día festivo, sin problemas entre aficiones, bien ubicadas en sus respectivas zonas, y concordia en los diferentes trayectos que conducían al estadio del Atlético de Madrid. Se vivieron escenas de armonía en el metro, cuando los aficionados culés se lanzaron a cantar el himno oficioso sevillista, ya conocido en todos los rincones. Incluso hubo cabida para la ironía, con cánticos andaluces pidiendo que les «pagaran el PER» cuando los azulgranas en el minuto 17 entonaron los gritos de indepedencia, aunque fueron rápidamente acallados por la mayoría del estadio. Hasta en el mismo fondo del barcelonista otros cánticos en favor de la libertad de presos se sustituyeron por otros de «Visca España, visca Catalunya».

Con la llegada de los goles, los aficionados catalanes antepusieron el jolgorio y la fiesta a las reivindicaciones políticas, dejando una plácida noche para el Rey y los políticos presentes, que no vivieron mayores problemas como se temían. Las banderas de España abundaron y fueron las protagonistas en todo momento en la Copa que mejor sabe cómo tranquilizar los ánimos más confusos. Política y deporte, en esta ocasión, y tal como deseaban los actores principales, no fue de la mano a excepción de conatos aislados que no empañaron una digna final. Felipe VI pudo disfrutarla relajado y tranquilo.

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