Las Gaunas exprime al máximo la Copa

Felicidad incontrolable tras la tanda de penaltis y la clasificación de la UD Logroñés para la tercera ronda de la Copa en la grada. :: f. díaz
Felicidad incontrolable tras la tanda de penaltis y la clasificación de la UD Logroñés para la tercera ronda de la Copa en la grada. :: f. díaz

Prórroga y penaltis. Qué más se puede pedir en una noche pura de Copa. Sobre todo si se gana después de lanzar dieciséis penas máximas

M.G. LOGROÑO.

No hay peor sensación que ver un partido en casi absoluto silencio. Silencio que se funde con la indiferencia. Y eso para el espectador. Para el jugador debe ser tremendo. Y no hay mejor sensación que esa misma afición se deje la garganta con sus gritos de ánimo, viva en tensión, festeje cada acción y celebre cada gol como si fuera el último. Y si es en una tanda de penaltis, la adrenalina alcanza los cielos. Es la Copa. Sus dos caras. El torneo del KO. ¿Injusto? Quizá. Pero emocionante. Convierte al villano en héroe. Es su magia.

Fermín Sobrón. De Baños de Río Tobía. Portero curtido en las categorías inferiores, con paso por el Náxara y y el Villanovense. Habitual en el banquillo, que no habituado ni resignado. Ayer tuvo su momento de gloria cuando detuvo a Ángel del decimotercer penalti y marcó el decimosexto, después de que Jacobo mandase el balón al segundo anfiteatro y le dejase en bandeja la victoria. Y si alguna virtud tiene el bañejo, son sus pies. Fantástico golpeo. Johan Cruyff hubiera pagado por él. No dudó. Ajustado al poste derecho. Parra se tiró al izquierdo. Alegría desbordada, invasión de campo. Fermín ya es un héroe. Al menos, hasta el domingo. Fútbol.

El aficionado blanquirrojo vivió ayer con el miedo metido en el cuerpo, consciente de que esta UDL no era la que ganó los dos primeros partidos ni la que eliminó al Avilés, aunque necesitará de muchos minutos de desgaste.

Fermín firmó el pleno soñado de todo portero: parar un penalti y marcar el de la victoria

Silencio en el primer tiempo. Murmullos. Gestos de desaprobación. A Sergio Rodríguez no le gustó lo que estaba viendo sobre el césped. No le gustó nada. Es un hombre tranquilo, pero el fútbol le altera.

Fue un partido de tiempos definidos. El segundo despertó a la grada, porque el equipo recuperó parte de su fútbol. La prórroga lo aceleró y elevó el ánimo del aficionado. La UD Logroñés quería; el Adarve, prefería esperar a la suerte máxima. La grada alentaba a los suyos. «¡Sí, se puede», gritaban esos cientos de gargantas. Y se pudo, aunque la tanda fuera una agonía, pero también un ejercicio perfecto en el lanzamiento. Alguien tenía que fallar o acertar. Fermín firmó el pleno soñado del portero: parar y marcar.

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