Una final clásica y notablemente politizada

Sevilla y Barcelona dirimen hoy en el Metropolitano el título de Copa, un choque marcado por la tensión institucional

ÓSCAR BELLOT MADRID.

Marcada por el crispado ambiente derivado de la situación política en Cataluña, la primera final del Wanda Metropolitano mide al Sevilla, en busca de su sexto título copero, con el indiscutido rey del torneo, un Barcelona que aspira a levantarlo por trigésima vez en una competición en la que afronta por quinta ocasión consecutiva el pulso definitivo y octava en las diez últimas ediciones. Contrapondrán los azulgrana su tremenda experiencia a la pujanza e ilusión blanquirroja para añadir un nuevo episodio a una rivalidad que se ha convertido en todo un clásico del siglo XXI, tras dirimirse entre ambos contendientes dos Supercopas de Europa y otras tantas de España además de la Copa del Rey de 2016.

Precedentes deportivos de un choque cuyo foco de atención estará puesto, hasta que el árbitro Gil Manzano decrete el inicio, en la vertiente política, con la más que cantada pitada al himno nacional dirigiendo todas las miradas hacia un palco que presidirá el rey Felipe VI y al que asistirán varios ministros y dirigentes territoriales pero que también contará con notables ausencias como la de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau.

La afrenta a los símbolos nacionales forma parte de las acciones orquestadas por el separatismo para expresar su malestar por el encarcelamiento de los dirigentes independentistas y el mantenimiento del artículo 155 que llevaron a una antigua directiva de la junta de Joan Laporta a reclamar incluso que el Barça no disputase la final de la «Copa del Borbón». Presiones que ha intentado capear un club obligado a navegar entre dos aguas para mantener aislados a los futbolistas del ruido extradeportivo sin enemistarse con un sector de su afición que aterrizará con más afán reivindicativo que ambición por defender el trono copero.

La última de Iniesta

La debacle continental ha tornado la euforia de quienes vislumbraban ya el triplete en desencanto. Combatir el contagio de ese sentimiento a sus pupilos ha sido uno de los caballos de batalla de Ernesto Valverde desde la hecatombe en el Olímpico de Roma, a la par que lidiaba con el cansancio de sus futbolistas, clave en el descenso de las prestaciones de la escuadra culé.

Recupera el técnico a dos piezas clave como Busquets, cuyos problemas físicos han lastrado al equipo en las últimas citas; y Rakitic, restablecido de la fractura en el dedo índice de la mano izquierda que se produjo ante la Roma. Ambos conformarán el eje de un centro del campo en el que también estará Iniesta, que aspira a sumar su sexta Copa del Rey antes de anunciar su marcha al fútbol chino, en concreto al Chongqing Dangdai Lifan. Coutinho y Dembélé se disputan la única plaza en duda dentro de un once en el que Cillessen custodiará la meta en el torneo que le permite escapar de la alargada sombra de Ter Stegen.

Pasarela a Europa

Si para el Barça alzar la Copa es poco menos que una obligación tras el fiasco de la Champions, el Sevilla se juega la viabilidad de su proyecto deportivo. Su irregular marcha liguera ha comprometido seriamente la presencia en Europa de un conjunto que vive una época dorada desde que en 2006 levantase la Copa de la UEFA en Eindhoven, primero de los nueve títulos que adornan su palmarés en el presente siglo. Vencer al Barça es la vía más directa de acceso a la Europa League para una escuadra que camina séptima en Liga y que encadena siete encuentros sin conocer la victoria.

Como Valverde, Montella recuperará a sus pretorianos para un once que el sevillismo se sabe de carrerilla desde la llegada del italiano. David Soria, que desplazó a Sergio Rico tras el empate liguero contra el Barça, volverá a estar bajo palos, siendo la única duda el alistamiento del colombiano Muriel o el francés Ben Yedder en la delantera.

Más

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos