Un campeón mundial asiduo a los polideportivos

Vicente del Bosque recibió el cariño de muchos amigos riojanos en sus horas en la capital

V. S. LOGROÑO.

En su estancia en Logroño, Vicente del Bosque tuvo la oportunidad de degustar unas patatas con chorizo, buen vino y abrazar a amigos, tres de las cosas que más calientan en el mundo.

Presentado por Román Palacios, presidente de la Asociación Riojana de la Empresa Familiar, y por Domingo Mendi, del Banco Santander, el técnico salmantino abrió su corazón y desgranó anécdotas ante un auditorio formado por empresarios, gente del deporte y por un puñado de niños fascinados por la presencia de uno de los iconos del deporte español. Santiago Vivanco, buen amigo de Del Bosque, disfrutaba en la platea, al igual que su hermano Pedro. También otros hermanos, los García León, atendían solícitos. Gerardo, formado en la cantera blanca, hizo a Del Bosque recordar a compañeros de ese equipo. De Candelas recordó cuando vino a verle jugar «al campo de Gráficas González». «Ahora todo ha cambiado, hay muchas más instalaciones y más modernas», reflexionaba.

Del Bosque pasó de técnico de fútbol base a sentarse en los más grandes estadios y ahora vuelve a ver el fútbol desde la grada, pero en polideportivos, para seguir a un equipo de personas con discapacidad, como su hijo Álvaro. Allí, aunque a veces asombrado por los padres («se comportan como en el fútbol competitivo. El espíritu de protección de un padre es tan grande que es imposible que se corrija») sigue dando ejemplo de la humildad que aprendió de Luis Molowny. «Comía un bocadillo para no gastar dinero del club y si se perdía un balón, iba a recuperarlo. Para mí, ha sido mi referente», se sinceraba.

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