FIEBRE EN LAS GAUNAS

El calcio se tiñe de luto

Mensaje de la afición de la Fiorentino en el Artemio Franchi por la muerte de Astori. :: efe/
Mensaje de la afición de la Fiorentino en el Artemio Franchi por la muerte de Astori. :: efe

LA RIOJA

El deporte está siempre asociado a los conceptos de salud, fuerza o condición física. Sin embargo, estos atletas no son invulnerables a sufrir trágicas lesiones coronarias. La conocida como muerte súbita, por ejemplo, y que este fin de semana sacudió a todo un país. El capitán de la Fiorentina, el internacional Davide Astori, falleció ayer a los 31 años de edad en una habitación de un hotel de Udine, donde se encontraba concentrado con su club para disputar un partido liguero.

Inmediatamente, el Calcio, y el fútbol en general se tiñó de luto por la muerte del jugador, un líder discreto, querido y respetado por todos los que le conocieron, según reflejaron las distintas crónicas.

Decesos como el de Astori obligan a echar la vista atrás y a recordar la manera en que se fueron, casi de la misma manera, futbolistas como el sevillista Antonio Puerta, que murió un 28 de agosto del 2007 a los 22 años tras varios paros cardíacos mientras jugaba un partido de liga. Justo dos años después, el 8 de agosto del 2009, murió precisamente en Florencia, en una concentración del Espanyol, el jugador Dani Jarque, a quien Iniesta dedicó el gol de la final del Mundial 2010 un puñado de meses después.

Los casos por muerte súbita son innumerables: el africano Chaswe Nsofwa (27 años) del club israelí Hapoel Beersheba; Cédric Schlienger, jugador de voleibol francés; Ángel Arenales, jugador de fútbol regional español; Jairo Nazareno, futbolista ecuatoriano; Marc-Vivien Foé, Miklos Feher o Serginho, todos ellos futbolistas de primer nivel; la ciclista brasileña Daiana Rita de Moura...

La Rioja también ha sufrido en sus carnes el tempranero adiós de un joven deportista. Ocurrió hace 16 años en el antiguo polideportivo de Lobete, pero la imagen quedó grabada en cada uno de los presentes esa noche en el encuentro entre el Clavijo Cajarioja y el Aridane canario cuando el malagueño Ernesto de la Torre cayó inesperadamente al suelo, dejándose la vida en la pista.

Vidas jóvenes que se apagan abruptamente y que nos dejan un vacío que el resto de los mortales somos incapaces de comprender.

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