FIEBRE EN LAS GAUNAS

El Balón de Oro de Diógenes

Cristiano Ronaldo, con su quinto Balón de Oro. :: efe/
Cristiano Ronaldo, con su quinto Balón de Oro. :: efe

VÍCTOR SOTO

Diógenes de Sinope era un filósofo de los de antes. Un hombre que, en su juventud, acabó desterrado por fabricar falsa moneda junto a su padre, un banquero, y que en su madurez decidió vivir en una tinaja sin más pertenencias que un bastón, un manto y un zurrón. Nada de estructuralismo ni postmodernidad de bigotito, Iphone y Starbucks.

Hay que tenerlos bien puestos y contar con una mente brillante y un cuerpo sufrido para prescindir de los bienes terrenales y dedicarse toda la vida a buscar un hombre y darle al magín.

Cuenta una historieta apócrifa (y probablemente falsa) que en una ocasión, un rico se acercó al filósofo cínico (cínico porque vivía como un perro, no por lo que ahora entendemos como doblez) y le ofreció una bolsa de monedas. «¿Tienes más?», le preguntó el ateniense. «Sí», respondió. «Y, ¿quieres más?», le volvió a interpelar. «Por supuesto», aseguró el rico avaricioso. «Pues entonces, quédatelas porque tú las necesitas más que yo».

Iba a decir que estaba pensando en Diógenes cuando leí las declaraciones de Cristiano Ronaldo a France Football tras recibir el Balón de Oro, pero realmente estaba cascando almendrucos, que es también filosofía de gran alimento. Casi me gano el carnet de socio del club de los mancos, que presidió Cervantes y ahora dirige el gran Eduardo Gómez, al leer al astro luso, paradigma de la humildad, agradeciendo el premio casi genuflexo al sujetar, como Atlas, el peso de toda la modestia del mundo sobre sus espaldas.

A renglón seguido las reflejo por si aún no han tenido el placer de deleitarse con ellas. «Respeto las preferencias de todos, pero no veo a nadie mejor que yo. Ningún futbolista hace cosas que yo mismo no puedo hacer, pero hago cosas que otros no pueden hacer. No hay un futbolista más completo que yo. Soy el mejor jugador de la historia, tanto en los buenos como en los malos momentos», aseguró. «La gente puede preferir a Messi o a Neymar, pero nadie es más completo que yo», dijo.

Diógenes, que era un gran filósofo pero también un poco cascarrabias, probablemente no hubiese entendido la verdad de las palabras del portugués y, con cajas destempladas, le hubiera mandado a escardar, escomar garbanzos o zurrir mierdas. Pero Diógenes nunca ganó un Balón de Oro. Y olía mal, vestía con harapos e iba despeinado. Y despreciaba el dinero porque sabía en primera persona de su poder corruptor. Es decir, era un fracasado. Como los filósofos, los que piensan libremente, los que se salen de las convenciones o los que hacen de la humildad y del trabajo callado su mejor virtud. Diógenes era un perdedor, un 'loser', que dicen en las series, y ahí se quedó, arrumbado en los libros de historia y de filosofía, olvidado para siempre. Eso sí, ya verán dentro de 2.400 años. No se hablará de nadie más que de Cristiano y sus balones de oro. Se lo aseguro.

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