CICLISMO VUELTA A ESPAÑA

Contador infinito

Contador cruza la línea de meta de la 17ª etapa. :: JOSE JORDAN / afp
/
Contador cruza la línea de meta de la 17ª etapa. :: JOSE JORDAN / afp

El madrileño revienta la espectacular cuesta de Los Machucos y desvela la debilidad de Froome

J. GÓMEZ PEÑA

Los Machucos. A la brutal cuesta de Los Machucos le ha costado un día entrar en la historia de la Vuelta. La etapa de su estreno se resume en dos miradas. Alberto Contador mira hacia arriba. Busca con los ojos a Stefan Denifl, el austríaco que resiste de la fuga. Contador no quiere que la montaña se termine. Pide tiempo, otro par de rampas al 26%, para atrapar al que al final le va a quitar el triunfo. Nota ese aleteo en las tripas que tanto le anima. Al levantarse de la bici sus piernas le impulsan. Hora de bailar. La mejor versión del madrileño a cuatro días de la jubilación. Eso es porque mantiene intactas las ganas. Debutante perpetuo. Por 28 segundos se le escapa la victoria que tanto merece y que quiere regalarle a la afición. Por apenas medio minuto no hace suyos Los Machucos. Da igual. Eso apenas es nada para un ciclista que ya es infinito. En la meta, sonriente, resume así la tremenda subida: «Con estas piernas, no me ha parecido tan dura, ja, ja». Lo pasa bomba en su última carrera.

La otra mirada es de Chris Froome, líder que sufre. Levanta el cuello y la niebla le tapa la cumbre. Quiere que esa montaña despiadada a la que llaman Los Machucos se acabe. No ha podido seguir ni a Contador primero, ni luego a Nibali, el que más le preocupa. Ni siquiera tiene aliento para agarrarse a Nieve, su ángel de la guarda en el Sky. Los pulmones apenas le sostienen. Mete la cabeza en el manillar, con los ojos cargados del hormigón que alfombra este puerto cántabro. Así subieron Contador, que casi gana la etapa, y Froome, que llegó arrugado, sin aire, aunque aún con más de un minuto sobre Nibali en la general. Los Machuchos le anunció al líder lo que le espera el sábado en el Angliru.

Hay Vuelta. Froome le cedió 1 minuto y 22 segundos a Contador. Y 42 segundos a Nibali, Zakarin y 'Superman' López. Kelderman, como Froome, pagó el esfuerzo de la contrarreloj de Logroño y sólo distanció al líder en 27 segundos. «Ha sido realmente duro. Y más con este mal tiempo. Pero soy optimista. Creo que podré mantener el liderato hasta Madrid», dijo Froome mientras masticaba apresurado un plato con trozos de sandía. «La verdad es que me cuesta más ganar la Vuelta que el Tour», añadió. Tiene margen. En la general, Nibali le persigue a 1 minuto y 16 segundos. Kelderman está a 2.13 y Zakarin, a 2.25. El quinto, Contador, se acerca a 3.34. «Cerca y lejos del podio», comenta el madrileño, que está a 1.21 del cajón. «Soy realista. Ganar la Vuelta está dificilísimo..., pero soy ambicioso. Me quedan cuatro días de ciclista», avisa. Y la etapa que viene copia el trazado que camino de Fuente Dé le dio la Vuelta de 2012. A Contador siempre le ha gustado luchar por lo imposible. En eso está.

La etapa se empeñó en castigar a los ciclistas desde el inicio. Viento en contra en la salida de Villadiego. Al fondo de la meseta esperaba un horizonte de nubes. La fuga de Dani Moreno, De Marchi, Denifl, Villella, Alaphilippe y Cort Nielsen lo tuvo todo siempre en contra: el viento, la lluvia, la niebla que barnizó de miedo el descenso de Lunada y, sobre todo, la velocidad del pelotón, acelerado por el Astana (López), el Bahrain (Nibali) y el Orica (Chaves). A eso se sumó Contador, que ya se mostró en la subida a Alisas. Un amago. «Tengo más que ganar que de perder», promete. Y cumple.

Alisas termina en Arredondo, en la curva que va a Bustablado, la puerta de Los Machucos. Nuevo templo ciclista. Cantabria, como anuncia el lema turístico, es como Contador: infinita. De verdad. La cuesta no es larga: siete kilómetros. Pero exige conquistarlos a pulso. El Sky entró el primero en esta carretera estrecha, de asfalto viejo y hormigón nuevo. La primera rampa, aún a salvo de la niebla, les hizo a todos bajar la mirada. ¿A todos? No. 'Supermán' López es un ciclista con mala suerte. Suele caerse. O le atropellan. O le asaltan para robarle la bici. Aun así, no se arruga. Está dispuesto a obligar a su suerte a cambiar. Se atrevió a salir a por su tercer triunfo de etapa a seis kilómetros de la cima. Entonces se oyó el descorche. Contador. Champán para la afición. El madrileño se fue con el colombiano. «Sabía que López se iba a mover». Sin temor. «Me sentía cómodo». Detrás, Froome, rodeado de cuatro gregarios, daba síntomas de asfixia.

Contador, otra vez, había agitado la Vuelta. «A ver quién salta con mi convicción», retó. A 'Supermán' se le clavó uno de los muros de Los Machucos. Demasiado atrancado. «Me patinaba la rueda trasera», comentó la revelación de la Vuelta. A Contador, en cambio, la rueda le volaba. Tracción emocional. De pie. Su silueta habitual. «A esta Vuelta he venido a disfrutar». El público, empapado de niebla, se apretujaba para asistir al paso, ya en solitario, del madrileño. Dientes prietos. Erguido sobre el manillar. Tragándose la neblina sobre curvas de cemento. Todo corazón.

Detrás, Nibali, Zakarin, Kelderman, Woods y De la Cruz se alejaban de Froome, preso de su aparatoso estilo de pedalear. El líder se sentía pesado, con las piernas demasiado usadas un día antes en la contrarreloj. Sobre paredes con desniveles superiores al 20%, cada uno sube como puede. Nieve, custodio del líder, le miraba. Le animaba. Le trazaba el camino. Froome no podía. La niebla no ocultaba su crisis. Eso sí, se salvó. Contador está demasiado lejos en la general. Y Nibali sólo se sintió bien en el tramo final de Los Machucos. Froome aún manda. Aunque a la cima llegó con la boca desencajada. Suplicando aire. Se le quebró el cuello sobre el manillar. Resonó su jadeo. Y enseguida pidió comida. Los Machucos se le habían hecho eternos. A Contador se le quedaron cortos. «Lástima», dijo el madrileño, segundo tras Denifl. «Bueno, pero me quedan tres días». Contador ha iniciado la cuenta atrás de su carrera deportiva dispuesto a reventar la Vuelta de Froome.

Fotos

Vídeos