El viejo inhalador de 'Ventolín' y los ciclistas asmáticos

J. G. P.

bilbao. En el bolsillo de algunos maillots ciclistas sigue el hueco para el viejo 'Ventolín', el inhalador que abre los pulmones de los asmáticos con salbutamol, un fármaco al que se puede recurrir en el deporte con autorización médica. Solo se considera caso positivo si supera la tasa de 1.000 nanogramos por mililitro. En la muestra de orina de Chris Froome flotaban 2.000 nanogramos. El contraanálisis lo ha confirmado. El caso es positivo.

Al corredor británico le toca ahora demostrar que utilizó en exceso el 'Ventolín de forma involuntaria o presentar un informe farmacológico para demostrar que su organismo tardó más de lo habitual en absorber esa sustancia. Si no, será sancionado como lo fueron en situaciones similares Alessandro Petacchi y Diego Ulissi, y perderá el triunfo en la Vuelta a España de 2017. Y algo más: si es castigado, su prestigio y su carrera quedarán manchados por el estigma del dopaje, una lacra que vuelve embotellada en un viejo recipiente, el del 'Ventolín'.

El porcentaje de asmáticos en el deporte de élite es inusualmente elevado. En el ciclismo ha llegado a alcanzar el 40% del pelotón, muy superior al resto de la población. Con el salbutamol ya tuvieron problemas Miguel Induráin, Igor González de Galdeano, Óscar Pereiro, Alez Zulle y Jan Ullrich. Casi ninguno fue sancionado. La imagen de un ciclista apretando el inhalador en plena carrera era habitual. Cuando en los tests antidopaje aparecía la sustancia, el corredor presentaba la autorización médica y listo. Tenía permiso. Esa opción, vía receta, dejaba abierta una puerta a la trampa: el salbutamol, por vía oral y en altas concentraciones, además de liberar las vías respiratorias tiene un efecto anabolizante. Da fuerza, facilita la fabricación de músculo y la eliminación de grasa. Por eso, la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) lo tiene en su lista de sustancias grises. No siempre es dopaje pero puede serlo. Froome tendrá que demostrar su inocencia o cargar con la culpa «Parece un resultado irrefutable», declaró ayer José Luis Terreros, director de la Agencia Española para la Protección de la Salud en el Deporte.

Tres meses después de aquella etapa en Santo Toribio de Liébana, el ciclista del Sky aún no ha presentado argumentos que expliquen este resultado anómalo. La difusión de su caso positivo acelerará el proceso. Dispone de una AUT, autorización de uso terapéutico, para utilizar salbutamol porque es asmático. De ahí que todavía no haya sido suspendido. Pero la alta concentración de esa sustancia en su organismo le apunta con el dedo acusador. Los casos más recientes no le favorecen: Alessandro Petacchi fue suspendido un año en 2008 tras presentar una tasa de salbutamol de 1.360 nanogramos. A Diego Ulissi le cayeron nueve meses de pena por 1.900. Los 2.000 de Froome han hecho saltar todas las alarmas en el ciclismo, un deporte que se alejaba de décadas de escándalos.

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