Una última Vuelta con Contador

Espectacular. Alberto Contador, que el próximo 6 de diciembre cumplirá 35 años, siempre ha hecho gala de su inagotable deseo de ganar. :: PHILIPPE LOPEZ / afp/
Espectacular. Alberto Contador, que el próximo 6 de diciembre cumplirá 35 años, siempre ha hecho gala de su inagotable deseo de ganar. :: PHILIPPE LOPEZ / afp

El único español que ha ganado las tres grandes anuncia con 34 años que se retirará tras la próxima ronda

J. GÓMEZ PEÑA

Cuando nació, hace más de un siglo, el ciclismo era ya un deporte rudo, de una exigencia física violenta. Un duelo que gana el más resistente. O revientas tú o reviento yo. A los ciclistas se les curtía la piel como a los labriegos. Tipos secos, de trabajo a la intemperie. De los que comían de su sudor. Ahora, el ciclismo se ha cargado de modernidad. Es casi una asignatura en estudios de fisiología y biomecánica. Todo está calculado... Aunque siempre aparecen dorsales excepcionales dispuestos a rebatir cualquiera de esas teorías.

«Querer es poder», ha abanderado como lema vital Alberto Contador, uno de esos elegidos que han competido hoy como lo hacían los pioneros: a corazón abierto, sin tanto mirar el pulsómetro o el potenciómetro. El ciclismo ha disfrutado durante 15 años -incluidas dos victorias en el Tour, otras dos en el Giro y tres en la Vuelta- del estilo a la antigua de Contador. Ya se acaba. La vejez es obligatoria. Camino de los 35 años, el madrileño anunció ayer que la Vuelta a España que arrancará desde Nimes el 19 de agosto será su «última carrera». Aún no se ha ido y ya se echa de menos su espíritu combativo.

«Estoy contento, sin pena. No hay despedida mejor que en la carrera de casa, en mi país. Me esperan tres semanas de emoción, disfrutando del cariño de la gente», señaló Contador en el vídeo con el que anunció su retirada. Hace menos de un mes, durante el Tour, dejó entrever que iba a correr una temporada más y que iría al Giro de 2018. Su equipo, el Trek, tiene como segundo patrocinador a la firma italiana Segafredo. Todo cuadraba. Pero no ha habido acuerdo al final.

Contador terminó noveno el Tour, lejos del podio y machacado otra vez por las caídas. Aun así, dejó un par de gestas a recordar: la cabalgada en los Pirineos en compañía de Mikel Landa, a quien animó a «hacer algo grande», y su fuga alpina en La Croix de Fer, su último fogonazo. Nadie ha subido jamás tan veloz esa cima. Contador no tuvo luego fuerzas en el Galibier, pero queda el destello de ese intento. Fiel a sí mismo: no podía, pero quería.

Aunque no quiso confirmarlo, sabía que era su despedida del Tour. Tras llegar a París se tomó un período para reflexionar. Ayer difundió su decisión. Dirá adiós en la Vuelta. Una carrera más. Durante década y media ha sido el mejor ciclista en las grandes vueltas: ganó el Tour en 2007, 2009 y 2010; el Giro en 2008, 2011 y 2015, y la Vuelta en 2008, 2012 y 2014. Este palmarés fue amputado por el caso positivo del Tour 2010, que anuló esa victoria en la ronda gala y también el Giro de 2011. Con todo, Contador es el único ciclista español dueño de las tres grandes rondas, algo que le sube al panteón en el que solo figuran Anquetil, Gimondi, Merckx, Hinault y Nibali.

En su currículo hay 77 victorias y, sobre todo, escenas inolvidables. Cuando ganaba y también cuando perdía. En el Tour de 2009 sufrió el desembarco en su propio equipo, el Astana, del invencible Lance Armstrong, que regresaba de su jubilación. A Contador trataron de atarle, de someterle a la dictadura del tejano. Se negó. Y, con las mejores piernas que ha tenido, ejecutó a Armstrong. El primero que lo conseguía. Después de 2010 no volvió a ganar la ronda gala. Y ahí, cuando ya los músculos empezaban a ablandarse, tiró de carácter. Los ciclistas como él son anticuerpos contra el aburrimiento. Cada vez que le decían que algo era imposible, lo intentaba. Así le quitó la Vuelta 2012 a 'Purito' Rodríguez con aquel ataque loco camino de Fuente Dé. Y así le dio la Vuelta 2016 a Quintana con otra locura entre Sabiñánigo y Formigal. Contador, alias 'el Pistolero', siempre ha estado dispuesto a desenvainar.

Sin dinero para bicicletas

Desde que con 13 años los Reyes Magos le trajeron su primera bicicleta se ha entrenado para el triunfo. Y siempre a contracorriente. Contador, como el ciclismo, tiene una biografía ruda. Viene de la extrema y dura Barcarrota, el origen de sus padres. De una familia con un hermano que sufre parálisis cerebral. Sin dinero para una buena bicicleta, ni para un culotte decente. Su madre, Paqui, le cosió uno: hecho con unas mallas y una hombrera. Y cuando Alberto, al fin, heredó la vieja Orbea de cinco piñones que había dejado su hermano Fran, el ciclismo asistió al nacimiento de un campeón llegado desde otra época.

Estaba hecho para este deporte. Lo supo allá, en uno de aquellos veranos en Barcarrota. Eran las fiestas de pueblo. Y había carrera ciclista: varias vueltas al campo de fútbol. Sin más reglas que el talento. Alberto saltó la valla, dejó el bocadillo de la merienda y se apuntó. Salió el último y terminó el primero. Unos pocos años después estaba ya en la estación de Atocha, en Madrid, desde donde con otros tres aspirantes a ciclista subía cada fin de semana al País Vasco para competir contra los mejores. Con hambre. «En los viajes bajábamos las cuestas en punto muerto para ahorrar gasolina», contó.

Con el maillot del Iberdrola se impuso en la Subida a Gorla 2001. Un escalador, dijeron. Contador lo negó. Era más. Y lo demostró al colgarse el oro en el campeonato de España sub'23 contra el cronómetro en 2002. Un año después llegó su primer triunfo profesional, en la 'crono' de la Vuelta a Polonia con el equipo ONCE de Manolo Saiz. Y en 2004 se le vino encima el cavernoma cerebral que le tumbó en la Vuelta a Asturias. La oscuridad. Pudo ser su final. Los médicos le advirtieron del peligro. Podía quedarse como su hermano, en estado vegetal.

Otra valla a sortear. Entró en el quirófano y solo unos meses después ganó la última etapa del Tour Down Under 2005. «Mi mejor victoria», destaca. Luego vinieron muchas más. En su archivo hay también un lugar destacado para las derrotas. Todas de cara. «De algunos triunfos no me acordaré, pero sí de esas etapas en la que he hecho disfrutar a la gente», dijo hace unas semanas en su último Tour. Se ha dado una ocasión más, la próxima Vuelta, para desfilar delante de ese público que le echará de menos cada vez que una carrera sea aburridamente moderna.

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