Ciclismo. Tour

El Tour se fija en la Vuelta

Entrenamiento del Sky. / EFE

La ronda gala apuesta por etapas más cortas y explosivas para contrarrestar el dominio de Sky y de Chris Froome

J. GÓMEZ PEÑAMADRID

Cuando nació, el Tour era una carnicería. Etapas de más de 400 kilómetros, salidas de noche, cuestas sobre caminos de piedras. El padre de la ronda gala, Henri Desgrange, soñaba con ver llegar a París a un solo corredor. El superviviente. El gladiador que queda en pie sobre la arena goteando sangre suya y ajena. El tiempo y el progreso suavizaron el Tour, que durante décadas adoptó un modelo de éxito: largas contrarrelojs, sprints y doble ración de montaña repartida entre los Alpes y los Pirineos.

El eco mediático del Tour de Francia era tal que se podía permitir hasta el aburrimiento. En más de una edición, incluida la era de Lance Armstrong, el campeón aseguraba su triunfo final casi una semana antes de llegar a París. Otras carreras como la Vuelta a España se tenían que estrujar la mente para atraer al público. El Tour no. Era inmune. Pero ya no lo es tanto.

Las cinco imprescindibles

9ª etapa

Nantua - Chambéry (181,5 km)

«Gran espectáculo garantizado», afirma el director deportivo del Tour, Thierry Gouvenou, sobre las tres ascensiones de categoría especial. La Biche, subida inédita, el Grand Colombier, por su vertiente más empinada, que hizo zigzaguear a los corredores del Tour del Porvenir a finales de los años 70. Por último el Mont du Chat, en el que Raymond Poulidor dejó atrás al gran Eddy Merckx en 1974. En esta etapa por el Jura podrían tener su incidencia los descensos.

12ª etapa

Pau - Peyragudes (214,5 km)

La etapa reina de los Pirineos por su longitud, por el puerto de categoría especial de Port de Balés, y por su final. Si el Tour ya hizo llegada en Peyragudes en 2012, esta vez alcanzará el aeródromo de montaña donde se rodó una secuencia de la película James Bond «El mañana nunca muere». La línea de meta espera al final de la pista de 400 metros, después de superar porcentajes que alcanzan el 16% en un marco paisajístico incomparable. «Es algo nunca visto en la historia del Tour», estima su director Christian Prudhomme.

15ª etapa

Laissac-Severac L'Eglise - Le Puy-en-Velay (189,5 km)

Aveyron, Lozere, Alto-Loira: la inmensidad de las grandes mesetas está también en el menú del Tour, que atraviesa por primera vez Aubrac en un recorrido de media montaña propicio para las escapadas. El trazado. El inédito puerto de Peyra Taillade presenta pendientes duras antes de los 30 últimos kilómetros, la mayoría en bajada hasta Puy-en-Velay.

17ª etapa

La Mure - Serre-Chevalier (183 km)

La primera de las dos etapas alpinas es sin duda la más dura con cerca de 58 kilómetros de subida. La carrera asciende dos gigantes, Croix-de-Fer (2067 m) y el Galibier (2642 m, el techo de esta edición) con el Telegraphe como aperitivo del Galibier. Después de hacer cumbre en este último, el más ascendido en la historia de la ronda gala (59 ocasiones), quedarán por delante aún 28 kilómetros de descenso frenético.

20ª etapa

Marsella - Marsella (22,5 km)

La segunda contrarreloj individual del Tour, tres semanas después de la inicial en Dusseldorf, recorre los lugares más emblemáticos de la capital de la Costa Azul, como el Viejo Puerto y la basílica de Notre-Dame de la Garde después de una subida de 1.200 metros que será la última oportunidad para que los escaladores recorten tiempo. Será la última ocasión real de que haya cambios en la general.

El eco mediático del Tour de Francia era tal que se podía permitir hasta el aburrimiento. En más de una edición, incluida la era de Lance Armstrong, el campeón aseguraba su triunfo final casi una semana antes de llegar a París. Otras carreras como la Vuelta a España se tenían que estrujar la mente para atraer al público. El Tour no. Era inmune. Pero ya no lo es tanto.

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