Rigoberto Urán, pionero con el rostro de Jagger

Urán no sabía que había ganado hasta que se lo dijeron en control antidopaje. :: reuters
/
Urán no sabía que había ganado hasta que se lo dijeron en control antidopaje. :: reuters

El corredor colombiano abrió el camino a Europa por el que luego han llegado Chaves, Quintana y Gaviria

J. GÓMEZ PEÑA CHAMBERY.

Con su rostro de Mick Jagger, el colombiano Rigoberto Urán (Urrao, 30 años) lamentaba haber perdido la etapa que al final ganó. Sonrisa. «Cuando me lo han dicho estaba ya en el control antidopaje. Creía que me estaban haciendo una broma. Ha sido una sorpresa», repetía ante la hilera de cámaras que le miraban en la meta de Chambery. Saboreaba más ese triunfo por inesperado. Como en la caída de Porte la bicicleta de Martin le había dañado el cambio de velocidades, Urán hizo más de 20 kilómetros con el cambio de 53X11. Catalina grande y piñón pequeño. Más de diez metros por pedalada. Como apretar un tornillo. Aguantó en los dos leves repechos antes de Chambery e hizo cálculos: «Con un desarrollo tan duro, sólo tenía una posibilidad, arrancar desde muy lejos, que llegáramos a toda velocidad al sprint». Y eso pasó.

El ataque de Fuglsang le sirvió de trampolín. Aun así, Barguil entró con él en paralelo. El francés lo celebró. Urán se resignó. «Barguil ya me ganó así en Formigal, en la Vuelta a España». Hace tiempo que Urán se siente el segundo. Nairo Quintana le ha apartado en la jerarquía del ciclismo colombiano. Aunque allá todos saben que el primero será siempre Urán. Él abrió el camino por el que luego han desembarcado en Europa Quintana, Chaves y Gaviria. Tras la época, ya lejana, de Herrera y Parra, Urán anunció el regreso de los colombianos del nuevo siglo: mucho más que escaladores. Conquistadores.

«Salvé la caída de milagro», resoplaba en Chambery. Urán iba por delante de Martin cuando Porte resbaló y se les echó encima. La etapa era devastadora. Alguno como Van Emden había abandonado por agotamiento. Otros, como el velocista francés Démare, iban a llegar fuera de control. Porte acabó en el hospital, con traumatismo craneal y la rotura de pelvis y de la clavícula. Urán sabe de golpes. En la Vuelta a Alemania de 2007, cuando era un recién llegado, tomó mal un curva, hizo un 'recto' y se partió los dos codos, una muñeca y se dañó el cuello. Nueve horas de quirófano. «Los médicos no me dieron garantías de nada. Creían que no podría recuperar la movilidad». Urán les cambió el diagnóstico tras tres meses inmóvil. «No podía ni comer ni ir al baño solo».

LAS CLAVES «Cuando me lo han dicho estaba ya en el control antidopaje. Creía que me gastaban una broma» Con 14 años mataron a su padre y él se hizo cargo de su familia

Urán viene de muy lejos, de aquella Colombia venenosa, agujerada por el narcotráfico. «A mi padre se lo llevó la violencia cuando yo tenía 14 años». Una bala ciega. El crío se echó la familia, madre y hermana, al hombro. Salió a la calle, a vender lotería, que de eso había vivido su padre.

El ciclismo iba a quedar olvidado cuando le rescató el entrenador que le había visto hacer algo increíble. El chaval, sin ropa de ciclista y con una bicicleta prestada, se había apuntado a una contrarreloj. Ni sabía lo que era aquello. «Mira, Rigo. Sales y pedaleas lo más rápido que puedas hasta allí arriba», le dijeron. Eso hizo y ganó. Pero Rigo no tenía tiempo para el ciclismo. Necesitaba trabajar para traer pan a casa. Por eso, en edad juvenil, le hicieron un contrato de ciclista profesional. Con él viajó a Italia. De ahí viene. Abrió la senda.

Y en 2014 tuvo la victoria del Giro de Italia a mano. Se la quitó Nairo Quintana, en el descenso del Stelvio. Nevaba. Los jueces dijeron que le etapa quedaba anulada. Fue una orden confusa, en pleno caos. Urán paró para abrigarse. Quintana siguió adelante y empezó a ganar aquel Giro en el que luego fue el más fuerte. Urán bajó un escalón, perdió brillo. Hasta esta edición del Tour no había vuelto a estar tan arriba.

Pese a tener 30 años, su vida está llena de pasado. Por eso no se altera. «Queda mucho Tour. Iré día a día». Ayer en Chambery transformó la mala suerte de una avería en un triunfo. Ha aprendido a disfrutar el momento. Su buen humor rueda por el pelotón. Se siente afortunado. «Cuando me monté en aquel avión de Colombia a Italia no iba asustado. Iba feliz. A cumplir un sueño. Habría venido en barco, en bici».

Fotos

Vídeos