«No soy el futuro Hinault»

Calmejane se retuerce de dolor por un calambre, que al final no le impidió ganar la etapa. :: afp/
Calmejane se retuerce de dolor por un calambre, que al final no le impidió ganar la etapa. :: afp

Calmejane, espléndido vencedor en Rousses, centra los focos mediáticos franceses que anhelan una estrella

J. G. PEÑA ROUSSES.

Cada vez que brilla una perla, Francia cree haber descubierto a sucesor de Anquetil o de Hinault, el último francés que ha ganado el Tour, en 1985. Hace tanto. Lilian Calmejane zanjó ayer ese debate. «No soy el futuro Hinault». Esa losa, ese pasado glorioso del ciclismo galo, ha tapado el crecimiento de generaciones de aspirantes. Calmejane es otra cosa. Aunque ni él sabe aún qué tipo de corredor es. «En esta etapa he salido a ver de lo que era capaz», contó. En su equipo, el Direct Energie, había tres encargados de meterse en las fugas: Chavanel, que ya había ganado en Rousses; Voeckler, que quiere un triunfo en su último Tour; y Calmejane, el que rindió homenaje a Voeckler. «Con él he aprendido mucho. Mejoro escuchándole», agradece. Mientras crece, Calmejane es el nuevo Voeckler.

Es de Albi, la tierra de Toulouse-Lautrec y del rugby. A eso se dedicó de chaval. Le gustaba la camaradería del grupo, el ambiente del balón oval, pero odiaba depender de otros. Su padre, aficionado al ciclismo, le aconsejó subirse a la bicicleta, un deporte solitario. Y de fuerza, como el rugby. Así corre, arremetiendo con la cabeza abajo.

Ahora es alto, pero de juvenil era enclenque. Creció 14 centímetros en un invierno y eso lo cambió todo. Tardó en brillar. Hasta los 19 años, hasta el estirón, no ganó su primera carrera. Y desde entonces no deja de mostrar su carácter competitivo. «En la escuela estudiaba mucho, pero no por saber más, sino por ser el mejor de la clase», confiesa. En eso está: en 2016 venció en la cuarta etapa de la Vuelta a España, su primera grande, y en esta su segunda temporada ha vencido ya en la Estrella de Besseges, la Coppi-Bartali y el Circuito de La Sarthe. Siete victorias, en total. Es un rematador. Tiene gol.

Y disfruta de este su segundo deporte. En marzo estuvo como un participante más en la Clásica Cicloturista Bilbao-Bilbao. «Me encanta este ambiente. Y el paisaje. Lo conocía de una Vuelta a Bizkaia juvenil. Hubo una etapa en Balmaseda», contó en la meta de la Gran Vía, acompañado de Iban Mayo y otros clientes de la firma BH, las bicicletas de su equipo. De juvenil le faltaba altura. Ahora es un tallo y no deja de medrar. Ni los calambres le frenaron ayer en Rousses. «Me sucedió lo mismo el año pasado y sabía lo que tenía que hacer». Calma. Un estiramiento y hasta la meta. Calmejane ha abierto su espléndido futuro.

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