Francia sufre por Démare

Arnaude Démare sigue las ruedas de sus compañeros de equipo Delage (primero) y del lituano Konovalovas. :: afp/
Arnaude Démare sigue las ruedas de sus compañeros de equipo Delage (primero) y del lituano Konovalovas. :: afp

El velocista penó desde la salida, se descolgó enseguida y evitó el fuera de control con mucho sufrimiento y empeño

J. GÓMEZ PEÑA ROUSSES.

No es tan fácil dormir en las noches del julio francés. Arnaud Démare, ganador de una etapa y gran esperanza francesa para llegar a París con el maillot verde, pasó el jueves una mala noche. Su habitación no estaba climatizada. Era un horno. Sudaba más sobre las sábanas que en el asfalto. En el sprint del viernes lo pagó. Sin fuerzas. Quiso pensar que era sólo por esa vigilia. Y no. La frenética salida de la etapa de ayer le anudó una soga al cuello. Vacío, apenas sostuvo el ritmo del pelotón un rato. Luego, hasta la meta, todo fue un calvario a cámara lenta. Con la cuerda ahogándole a través de la montaña del Jura, le amenazaba otro final traumático: la guillotina. Llegar fuera de control. Con la ayuda de su compañero Delage y tonelaadas de sufrimiento, evitó el corte. Entró a 37 minutos y medio de Calmejane. Francia respira.

Hace tiempo que es el elegido. Cuando el martes ganó la etapa de Vittel, cerró una herida: para encontrar la última victoria al sprint de un francés había que rebobinar hasta 2006 y Jimmy Casper. Tan atrás. Démare, vencedor de la Milán-San Remo 2016, recuperaba el espíritu de André Darrigade, la 'liebre de las Landas', ganador de 22 etapas en la Grande Boucle. Démare, además, cae bien. En el guion de las historias ciclistas cuadra a la perfección el duelo bueno/malo. Francia repartió esos papeles. A Démare le ha vestido de héroe elegante, educado; un buen chico que basa sus éxito en el trabajo de equipo. Nacer Bouhanni, en cambio, es el malo, el boxeador, el rabioso, el que saca los codos como cuchillas y se busca la vida solo en los sprints. Cuando los dos estaban en el mismo equipo, no se tragaban. Démare se quedó en La Française des Jeux y Bouhanni emigró al Cofidis. Así pueden pelearse de verdad.

Las cosas le han ido mejor a Démare, pero ayer le cayó el Tour encima. Es una carrera despiadada. Aprieta allí donde ve una debilidad. No perdona. Casi decapitó al preferido de Francia. Démare resume el espíritu galo del Tour. Para él, como para tantos niños, las vacaciones de verano son la Grande Boucle. Iba a ver las etapas en una caravana con su familia. Su padre era un buen velocista amateur. Su madre ganó el campeonato de Picardía, su región. Su hermana acabó quinta en el campeonato nacional. «De niños salíamos todos juntos y en cuanto veíamos una pancarta esprintábamos», recuerda Démare. El ciclismo es la pasión familiar. Con la caravana, los Démare recorren el Tour en verano y las pruebas de la copa del mundo de ciclocross en invierno.

El velocista galo apretó los dientes y evitó el corte. Entró a 37 minutos de Calmejane

Y él, Arnaud, nació competitivo. En el colegio andaba siempre con un cronómetro en mano comprobando su mejora en la carrera a pie. Con 9 años, en familia claro, descubrió el Mont Ventoux, el coloso de Provenza. Se empeñó en subirlo a pedales. Su madre accedió a regañadientes y puso una condición: le obligó a pararse varias veces para beber, comer y tomar aliento. Coronó el puerto. «Soy fuerte de cabeza», se define. Ayer, el Tour le puso a prueba. Sin piernas, tiró de empeño. Sabía que los suyos estaban en la cuneta, en esa hilera interminable de caravanas que se pega cada año al Tour.

Démare no se ha ido a vivir a Mónaco. Sigue en Picardía. Su día perfecto incluye una comida familiar. Eso gusta en Francia. Eso y que es un buen compañero. En 2013 uno de sus amigos ciclistas, Levardet, perdió el control de su coche cuando conducía borracho. Le acompañaba otro ciclista, Coyot, que falleció. Levardet, hundido, no quería saber nada del ciclismo, de nada, de nadie. A la mañana siguiente de salir del hospital, Démare fue a buscarle. Y así cada día. Le animó a seguir. Francia le adora, pero el Tour no tiene piedad con nadie y ayer le torturó con ganas.

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