Contador lanza a Landa a por el Tour

Mikel Landa y Alberto Contador, durante la disputa de la decimotercera etapa, de la que fueron grandes animadores. :: PHILIPPE LOPEZ / afp/
Mikel Landa y Alberto Contador, durante la disputa de la decimotercera etapa, de la que fueron grandes animadores. :: PHILIPPE LOPEZ / afp

El madrileño revienta una fantástica etapa en la que ayuda al alavés, quinto, a presentar su candidatura al podio

J. GÓMEZ PEÑA FOIX.

Las cámaras de Foix corrieron a por el francés Barguil, que había ganado la etapa en el día de la fiesta nacional. Al otro lado de la calzada, Landa se acercó a Contador. Le pasó la mano por la espalda. Gracias, amigo. Los dos se dieron la mano y compartieron una sonrisa en la que cabía la etapa más breve, la mejor de todas. Y todo por obra de Contador y de Landa, que se mete en la lucha por el podio y que, de nuevo, gritó en alto su tremendo talento. Tanto, que es imposible no escucharlo. Ellos fueron los dos gigantes de Foix, aunque las cámaras tiraran a por Barguil. Contador viene de un pasado copado de gestas y triunfos. Ahora comparte tiempo con Landa, que es su relevo, el futuro. O mejor, el presente. Con los casi dos minutos que, con la ayuda de Contador, sacó en Foix, el alavés es quinto en la general, a 1 minuto y 9 segundos de Aru, y a 1.03 de Froome, el líder teórico de su equipo. El cepo que no le deja volar libre. Por ahora. Landa está cogiendo tal tamaño que ya no entra en la jaula. Con Contador casi la revienta. Y quedan los Alpes.

«Venga, que vamos a hacer algo grande». Hay frases que quedan para siempre grabadas en la historia del ciclismo. A Contador le cuesta dormir estos días. Le pellizcan las mataduras de tanta caída. Malo. Así tiene tiempo de vigilia para macerar su rabia, el combustible de su orgullo herido. Un campeón lo es hasta el final. En la victoria y en la derrota. En eso pensaba sobre la almohada. «Ya no tengo nada que perder», dijo. Está hecho de dinamita. Es un ciclista con luz. Alumbra etapas como la que iba a Foix, corta, de apenas 101 kilómetros, pero con tres puertos de primera. Sin tiempos muertos.

En la salida de Saint-Girons, todos lo sabían. Contador iba a apretar el detonador. «Tenía que intentarlo, hacer algo diferente, romper la carrera, darle la vuelta». Y, claro, desenfundó sus mejores piernas cerca de la primera cima, el col de Latrape. Los campeones tienen su propio perfume. Permanece en el ambiente, en las piedras de los Pirineos. Landa notó ese aroma. Le es familiar. Es el suyo. «Ver a Contador atacar me ha motivado». Simbiosis. Se juntaron, en compañía de Barguil, y pusieron a todo volumen una grandiosa etapa. Fue ahí, tras un cruce de miradas, cuando Contador le dijo a Landa: «Venga, que vamos a hacer algo grande». Son ciclistas muy diferentes, pero con la misma esencia: disfrutan al ataque y atacan para que su público disfrute. Quieren ser gigantes. No hay huella más honda.

El Tour estaba en vilo. La arrancada de Landa, situado a menos de tres minutos en la general, inquietaba a Aru, líder desnudo. Sin gregarios. El mejor de los suyos, Fuglsang, pedaleaba manco, sin poder apoyar el brazo zurdo. Tuvo que retirarse. Bardet y Urán, con la ayuda del UAE, tiraban con timidez. Froome, a su rueda, disfrutaba de un día «perfecto». Si Landa se iba, bien para el Sky; si los otros tenían que desgastarse para atrapar al alavés, bien para él.

Una etapa en carne viva

En cien kilómetros no hay simulacro posible. Era una etapa en carne viva. El paisaje se contrajo en el col de Agnes. Contador y Landa, ya solos, subían entre paredes. Detrás, Quintana, al fin Quintana, salía para recordarle al Tour que sigue en carrera. Se fue con Kwiatkowski, otro dorsal al servicio de Froome, y cogió a Barguil. El ritmo de la carrera, bestial, le sacaba los colores al pelotón. Todos rojos de asfixia. Delante, al amparo de la arboleda, Contador y Landa pedaleaban sobre la misma bicicleta. «Mikel, tienes la oportunidad de meterte en la lucha por la general», animaba el madrileño. Eran el eje sobre el que orbitaba el Tour.

En el tercer puerto, el Muro de Peguere, la etapa olía ya a historia. Landa y Contador rozaban los tres minutos de ventaja. El alavés era casi líder del Tour. «Vamos a hacer algo grande». En el Sky a Landa le han asignado el papel de gregario de Froome. La montaña tenía otra opinión. Ya se vio el jueves. El corredor vasco tuvo más fuerza que su patrón en el repecho de Peyragudes pese a haberse desgastado por él durante toda la subida. Hasta el Sky tuvo que verlo.

El alavés lleva años, desde 2015, desde aquel Giro que le peleó a Contador, corriendo con el freno de mano echado. Siempre hay un director que lo aprieta. Estaba cautivo, pero los Pirineos han gritado por su liberación. Y Contador ha puesto el altavoz. En el estrecho y duro, muy duro, Muro de Peguere, Quintana y Barguil se pegaron a los dos gigantes. Los cuatro trazaron el descenso hacia la meta de Foix. Dos ansiaban la etapa: Barguil y Quintana. Se reservaron. Uno quería ampliar su leyenda, Contador. Buscaba algo «grande». Le echó una mano a Landa: «Le he ayudado todo lo que he podido». Y, por último, allí iba uno que renunció a la etapa, Landa. Se puso al frente. A dejar claro que el Tour está a su alcance.

De la etapa se encargó Barguil. Se la ganó a Contador en la curva final. A 1.48 llegaron Aru, Froome, Bardet y Urán, los cuatro primeros de la clasificación, todos en un puñado de segundos. Landa ya es el quinto. «Llevo años pidiendo galones en los equipos en que corro...». Los merece. Los reclaman sus gigantescas piernas de escalador y cada montaña por la que sube. Al cruzar la meta de Foix se arrimó a Contador, el mejor modelo a seguir. Se dieron las manos con las que habían convertido la etapa mas pequeña en «algo grande».

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