CICLISMO DE MONTAÑA

Una temporada en hora y media

Carlos Coloma, durante la última prueba de la Copa del Mundo en la que acabó undécimo. :: primaflor mondraker
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Carlos Coloma, durante la última prueba de la Copa del Mundo en la que acabó undécimo. :: primaflor mondraker

Coloma ultima su preparación para el Mundial con «magníficas sensaciones» tras la Copa del Mundo de Italia

V. S. LOGROÑO.

En el 2016, Carlos Coloma tenía un plan. Los Juegos Olímpicos iban a ser la carta a la que el albeldense se iba a jugar el todo por el todo y para los que se preparó a conciencia. Tras acabar conquistando el bronce en Río de Janeiro, Coloma se marcó otra fecha en el calendario: el 9 de septiembre del 2017.

Casi sin darse cuenta, el Mundial de Cairns (Australia) se presenta a la vuelta de la esquina y al riojano no le ha pillado desprevenido. Aunque la temporada ha sido buena, con diversos podios y una última lucha por estar entre los diez primeros de la Copa del Mundo de Val di Sole (Italia), es ahora cuando los resultados a tanto esfuerzo van a poder percibirse.

«Me encuentro mejor que el año pasado», asegura el albeldense desde Navacerrada, donde continúa su preparación en altura antes de emprender, el jueves, el largo viaje a Australia. «Noto que las piernas están mejor, me encuentro más rápido», se sincera. Además, en este caso, la experiencia es un grado. «He disputado diecinueve mundiales consecutivos y eso se nota», incide.

Junto a él, en Australia, correrán Sergio Mantecón, Pablo Rodríguez y David Valero. «Por mi experiencia me toca ser un referente, pero sobre todo porque siempre he estado y estaré dispuesto a colaborar con mis compañeros», analiza.

A poco más de diez días para la gran cita del año, Coloma llega «muy tranquilo». «Veo que el trabajo que he hecho está dando sus frutos, así que ahora tengo que concentrarme en seguir así», explica. «El Mundial es una hora y media, una carrera intensísima, así que será importante una buena salida, estar concentrado... Y pelear», añade.

No habrá sorpresas para Coloma, que lleva más de un mes con una vida propia de un cartujo, con entrenamientos, recuperación y competición como casi únicas referencias vitales. Es el sacrificio de las estrellas para poder aspirar a seguir brillando en un firmamento donde los veteranos no salen del podio y cada vez más jóvenes empujan con fuerza.

«El circuito me gusta y lo conozco de memoria», asegura Coloma. El pasado año se disputó una prueba de la Copa del Mundo donde acabó décimo y el trazado «no ha cambiado» por lo que no habrá lugar a las sorpresas. Ahora, llega el tiempo de reflexión y última preparación. Todo por un objetivo: un maillot arcoíris con el que Carlos Coloma lleva soñando toda una vida peleando.

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