El positivo de Froome en la Vuelta frena en seco la rehabilitación del ciclismo

Froome durante la séptima etapa de la pasada Vuelta Ciclista a España. :: Felix OrdoÑez/Reuters
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Froome durante la séptima etapa de la pasada Vuelta Ciclista a España. :: Felix OrdoÑez/Reuters

El británico dobló la tasa de salbutamol en la decimoctava etapa y si no justifica esa tasa perderá el triunfo en la ronda y será suspendido

J. GÓMEZ PEÑA* JGOMEZ@ELCORREO.COM BILBAO.

Hay un sonido que suele acompañar a Chris Froome: su tos. Es asmático desde su infancia en Kenia. Durante la última semana de la pasada Vuelta a España, prueba que ganó, el ciclista del Sky no dejaba de toser, pese a que la lluvia suele mitigar los efectos de su enfermedad. Para eso, para aliviar los bronquios, tiene también una Autorización de Uso Terapéutivo (AUT) con la que puede recurrir al 'Ventolín', el spray con salbutamol que afloja la soga en el cuello que martiriza a las víctimas de los ataques de asma. El uso del salbutamol está permitido en el deporte profesional, pero hasta un límite: 1.000 nanogramos por mililitro. Ayer se supo que en el control antidopaje realizado en la decimoctava etapa de la Vuelta Froome presentó el doble: 2.000 nanogramos. El contraanálisis lo ha confirmado. Es un caso positivo. Si el cuatro veces ganador del Tour no demuestra con informes farmacológicos que hay una explicación fisiológica, perderá el triunfo en la ronda, será suspendido -hasta dos años- y su tos frenará en seco el lento proceso de rehabilitación en el que se encuentra el ciclismo, un deporte que ha pasado décadas enfermo de dopaje. Como si fuera un mal crónico. «Todo el mundo sabe que soy asmático. Conozco las reglas. Uso el inhalador para controlar los síntomas. En la Vuelta mi enfermedad empeoró», dijo ayer Froome, el gran líder del ciclismo en el último lustro. Su figura era hasta ahora un espejo en el que mirarse. Tras cada una de sus victorias en el Tour alzaba la mano en defensa del deporte limpio. «Lo que ahora gano no será tachado dentro de diez años», auguró. «Me tomo como una misión personal demostrar que las cosas en el ciclismo han cambiado», aseguró. «Armstrong hizo trampas. Yo no», comparó. «Nunca deshonraré el maillot amarillo», juró.

El pasado 7 de septiembre vestía de rojo, de líder de la Vuelta a España. Venía de sufrir un día antes frente a Nibali en la tremenda subida a los Machucos. Estaba ya en la decimoctava etapa, camino de Santo Toribio de Liébana. Llovía. Froome, que pareció muy recuperado de sus achaques bronquiales, controló sin agobios a sus rivales. Tenía la carrera atada. Y la ganó por delante de Vincenzo Nibali e Ilnur Zakarin. Completó el doblete Tour-Vuelta.

uPersonales
Nació en Nairobi (Kenia), el 20 de mayo de 1985. Tiene 32 años y nacionalidad británica y keniata.
uEquipos
Konica-Minolta (2007), Barloworld (2008 y 2009) y Sky (desde 2010).
uPalmarés
Cuatro ediciones en el Tour del Francia (2013, 2015, 2016 y 2017). Vuelta a España 2017. Dauphiné Libéré (2013-2015 y 2016), Tour de Romandía (2013 y 2014), Criterium Internacional (2013), Tour de Omán (2013 y 2014). Bronce en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y Río de Janeiro 2016.
uCaso positivo
En la decimoctava etapa de la Vuelta a España, con final en Santo Toribio de Liebana,el 7 de septiembre. La victoria fue para el francés Sander Armée. El 20 de septiembre, la UCI le comunicó que en el control antidopaje de esa día dobló la tasa de salbutamol.

Pero, como si el peor pasado del ciclismo no quedara nunca enterrado, la crónica de esos días puede reescribirla el dopaje. El 20 de septiembre, la Unión Ciclista Internacional (UCI) comunicó al corredor británico y a su equipo, el Sky, que había dado positivo por salbutamol, un broncodilatador. El código de la Agencia Mudial Antidopaje (AMA)permite a los ciclistas asmáticos recurrir a este fármaco, pero limita su uso hasta concentraciones de 1.000 nanogramos por mililitro. Eso, como declaró al diario 'L'Equipe' Jacky Maillot, médico de la selección francesa, son 16 inhalaciones. En el organismo de Froome había el doble, 2.000 nanogramos, cifra confirmada por el contraanálisis y por el equipo Sky. En casos así la AMA considera que el salbutamol tiene efectos anabolizantes, esto es, aporta fuerza. Y eso es trampa. Dopaje.

LAS CLAVES Froome tiene permiso para utilizar el 'Ventolín', pero su tasa dobló el límite permitido en la Vuelta El corredor alega que es asmático y que sufrió un empeoramiento en la última semana de carrera Según los expertos, la dosis permitida por el código antidopaje es de 16 inhalaciones

Froome tendrá que demostrar su inocencia. Lo sabe. «La UCI tiene toda la razón para evaluar los resultados de las pruebas y voy a suministrar toda la información que sea requerida», señaló el corredor británico. Al rebobinar en su carrera deportiva se comprueba que tiene autorización (AUT) para utilizar el 'Ventolín' desde 2013. Se le vio tirar del inhalador durante una edición del Dauphiné. También obtuvo una AUT para usar un corticoide en el Tour de Romandía de 2014.

Su equipo, el Sky, abandera la tolerancia cero con el dopaje. Pero desde que irrumpió en la élite en 2010 y hasta que se ha convertido en el gran dominador de este deporte ha bordeado siempre los límites. La sombra de las autorizaciones terapéuticas persiguió a Bradley Wiggins, el primer gran líder de la formación británica, cuyo caso acaba de cerrarse sin sanción. Ahora es Froome el que se sienta frente a los jueces deportivos. El reglamento de la UCI estima que por encima de 1.000 nanogramos el uso del salbutamol no es para tratar el asma. Por eso, si un ciclista supera esa barrera el resultado del test antidopaje es «adverso». Le da la oportunidad de justificarse y no le suspende de forma provisional. De ahí que Froome pudiera disputar en septiembre el Mundial de contrarreloj de Bergen (Noruega) en el que se colgó la medalla de bronce. De hecho, el británico no ha dejado de anunciar que en 2018 irá a por el Giro y el Tour. Eso ahora depende de si es sancionado. La UCI emitió ayer el comunicado del 'caso Froome' justo cuando los datos los había difundido ya el diario 'The Guardian'. Ni la prensa ni la opinión pública británicas son condescendientes con el dopaje. El Sky está bajo la lupa. Uno de sus preparadores estrella, Shane Sutton -ya destituido-, defendía que las autorizaciones terapéuticas ayudaban a los deportistas a llegar al cien por cien de sus límites físicos. En Gran Bretaña, al Sky se le mira de reojo por ese flirteo con los límites. El 'caso Froome' ha colocado al equipo en el escaparate mundial. Y, al mismo tiempo, ha vuelto a poner al ciclismo bajo la guillonina del descrédito. Ahora que parecía recuperar la salud, vuelve a toser con Froome. Mal síntoma. Recaída.

El ciclismo traga saliva. Tiene la piel dura después de tanto escándalo, aunque se había acostumbrado a este periodo de tregua tras el agujero negro de la 'era Armstrong'. Froome, que tiene 32 años y cuatro Tours, era el nuevo mesías. Su deriva volvería a oscurecer este deporte. «Soy consciente del papel de referencia que tengo. La UCI tiene toda la razón del mundo para estudiar mis resultados en los controles. Aportaré toda la información que necesiten», se ofreció Froome, sobre el que pende una sanción de hasta dos años.

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