Pedaladas 'eroicas' en Cenicero

En blanco y negro. Si la imagen no fuera en color, bien se pudiera pensar que este grupo de ciclistas sale de excursión a mediados del pasado siglo./
En blanco y negro. Si la imagen no fuera en color, bien se pudiera pensar que este grupo de ciclistas sale de excursión a mediados del pasado siglo.

Más de 800 ciclistas en blanco y negro recorren los campos riojanos para completar la ilusión de la Eroica Hispania 2018

David Fernández Lucas
DAVID FERNÁNDEZ LUCASLogroño

A las diez de la mañana, una familia barcelonesa llegaba a la Plaza de España con unas bicicletas de 1910. Eran de color negro y pesaban más de 20 kilos. Imposible levantarlas. Iban con equipamiento médico y vestidos de sanitarios que parecían llegar de las campiñas italianas. Todo el mundo se hizo fotografías con ellos. Eran la atracción de la 'Eroica Hispania 2018' que ya había arrancado a las seis de la mañana con los primeros ciclistas dispuestos a hacer los 193 kilómetros del camino largo de la prueba.

Desde esa hora el goteo de 'eroicos' saliendo con cara emocionada fue incesante hasta que a las diez esa familia y un centenar más de ciclistas comenzaron el Paseo Eroico. La prueba más sencilla y corta de 20 kilómetros.

Pero en Cenicero ayer lo importante era disfrutar del gran día de la prueba anual de bicicletas antiguas y vestimentas al uso que desde hace cuatro años celebra la ciudad. Algunos con maillots de lana, otros con indumentaria menos clásica pero con gorras que recordaban épocas gloriosas del deporte de las dos ruedas, mostraron que se puede recorrer los caminos de La Rioja con una bicicleta Orbea clásica, una Peugeot francesa o incluso con velocípedos de varillas. Italianos, franceses, alemanes, belgas -más del cincuenta por ciento del pelotón es extranjero- y ciclistas españoles y muchos vecinos de Cenicero realizaron una prueba en la que es tan importante disfrutar como la de comer y beber durante el recorrido.

Porque la Eroica ofrece a sus participantes zonas de avituallamiento en las que comer tortilla, fruta, pan con tomate, chorizo... Todo regado con agua, zumo y vino. ¡Vino que no falte.! Y si no era en los avituallamientos, era en los bares de localidades como San Vicente, Elciego, Laguardia, Haro o Nájera. Era allí donde los participantes hablaban acerca de la dureza de cuestas imposibles con un 24, de sus inquietudes ciclistas o de la admiración que despertaban algunas máquinas.

Eso sí, algunos no llegaron, caso de un catalán que pinchó las dos ruedas y tubo que regresar a pie o un padre y un niño que en el inicio de la carrera tuvieron un problema con una de sus bicicletas. Aun así, disfrutaron de público entregado a la llegada. Primero los del Paseo Eroico; luego el resto aunque cada uno a su ritmo porque no había ganador. Lo importante era llegar. Así, a partir de las doce algunos cruzaban la meta. Y además, no llovió.

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