¿Está nervioso Froome?

El holandés gana la crono de Jerusalén y 'conserva' la maglia rosa que ganó el año pasado en Milán

IÑAKI IZQUIERDO

Bajo la coraza hay un hombre. Chris Froome (Sky) se dejó ayer 37 segundos con Tom Dumoulin (Sunweb) en la crono inicial del Giro de Italia, sobre 9.700 metros, en Jerusalén. Casi cuatro segundos por kilómetro, números de escalador malo. ¿Qué le pasa a Froome? ¿Tiene miedo el mejor del mundo? ¿Está nervioso? ¿Su situación le está afectando más de lo que está dispuesto a admitir?

El líder del Sky se cayó cuando por la mañana salió a inspeccionar el recorrido de la crono. Se pegó un buen costalazo, que le dejó golpes fuertes en todo el lado derecho del cuerpo. Rodilla, cadera, espalda y codo tocados. La peor manera de empezar. Cierto que no fue el único. También rodaron por el suelo por la mañana Miguel Ángel López (Astana) y Kanstantsin Siutsou (Bahrain). Chapa y pintura para el colombiano, abandono antes de empezar para el bielorruso: rotura en la tercera vértebra.

Era un circuito sinuoso, técnico. Pero Froome, el hombre que todo lo controla, el rey del detalle, el estudioso que no deja cabos sueltos, cómo pudo despistarse así y caer en un entrenamiento. Siempre ha sido un ciclista implacable, que aparcaba el sentimentalismo cuando se subía en la bici, incluso demasiado mecanizado para algunos. Frío y calculador. ¿Puede estar acusando el proceso abierto contra él por su resultado adverso con salbutamol en la Vuelta a España? ¿O un mal día lo tiene cualquiera?

Tom Dumoulin Sunweb «Era todo lo que deseaba, ganar y sacar tiempo a mis rivales de la general; ha sido un inicio perfecto» Chris Froome Sky «Me caí a 20 o 30 por hora, un golpe siempre duele pero estoy contento de que no haya sido nada serio»

La mariposa vuela

La primera etapa la ganó Dumoulin, imperial en su maillot arcoíris. Hace un año bajó del podio final de Milán de rosa y ayer subió al de Jerusalén para recuperar esa prenda. Voló la 'Mariposa de Maastricht' y puso 37 segundos de distancia entre él y su gran rival. ¿Muchos? ¿Pocos?

Quedan 3.552 kilómetros hasta Roma. La carrera empezó ayer junto a la puerta de Jaffa y acabará junto al Coliseo. El mundo antiguo en todo su esplendor. Y Froome, obligado a hacer el camino de las cruzadas en sentido contrario. De Jerusalén a Roma. Él y su equipo, apóstoles de la modernidad, por los viejos caminos de la historia. Un reto apasionante.

Hoy, el Israel moderno. Mañana, el desierto y el río Jordán. Después, la herencia griega de Sicilia, el sur, la buena mesa y los coches de lujo de la Emilia-Romagna, las montañas, la Italia industrial... Muchas claves que descifrar. La carrera empezó mal para Froome. Mejor fuera: volvió a hablar en italiano, recuerdo de los dos años vividos en el Bel Paese cuando opositaba a ciclista en el Barloworld. Todo le hará falta.

Paseo por la costa. La segunda etapa del Giro recorre la costa desde Haifa a Tel Aviv, la capital económica y la ciudad más liberal de Israel. Sin más dificultad que el calor, que rondará los 40 grados, podría terminar al sprint con Elia Viviani (Quick-Step) como favorito ante Sam Bennet (Bora), Danny Van Poppel (Sky), Andrea Guardini (Bardiani) o Jakub Mareczko (Wilier).

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