Kittel y la ropa sospechosa del Sky

El ciclista alemán Marcel Kittel se impone en la misma línea de meta al sprint. :: efe

El alemán impone su velocidad en Lieja, donde acusan al equipo de Froome de usar un buzo de contrarreloj ilegal

J. GÓMEZ PEÑA

lieja. En Lieja siempre hay un asesino suelto. En esta ciudad oscura creció y aprendió de crímenes y misterios Georges Simenon, el autor de la novelas del comisario Maigret. Un inspector así le habría venido bien a la 'Operación Puerto' contra el dopaje que se ha archivado sin culpables. Sólo ha habido víctimas, como el prestigio de Jan Ullrich, tachado desde 2006. Con él, mito alemán, quedó sepultado el ciclismo en su país. Ahora, con la nueva generación de corredores germanos, Alemania ha vuelto a girarse hacia este deporte. Por eso, cuando Marcel Kittel extendió los brazos para celebrar en Lieja la victoria en la segunda y lluviosa etapa de este Tour los recogió de inmediato para taparse el rostro con las manos. Lloraba como si fuera su primer triunfo y es el décimo. «Pero es especial. La etapa ha salido de Düsseldorf. He visto a los alemanes en las cunetas. Escuchaba sus ánimos, que eran como una canción», dijo tras el oleaje de lágrimas. Alemania ha vuelto. Caso cerrado.

A 30 kilómetros de Lieja, cuando ya la lluvia empezaba a olvidarse de los corredores y la fuga de Offredo, Phinney, Pichon y Boudat parecía sentenciada, se abrió otro caso. En el ciclismo siempre anda suelto un asesino. Muchas veces tiene forma de isleta, de mediana que parte una carretera encharcada. Ahí patinó Tony Martin, situado en la tercera plaza del pelotón. Martín fue la bola que tiró los bolos. 'Strike'. Ese patinazo arrastró a una treintena de corredores, entre ellos Bardet, Porte y Froome. El Tour se alarmó. ¿Qué pasaba? ¿Estaba Froome herido? El británico tenía el culotte agujereado. «¡Menudo susto!», dijo uno de sus gregarios, Mikel Landa. A Froome le remolcaron Knnes y Kwiatkowski. La remontada, entre coches, pueblos y rotondas, fue sencilla. El pelotón le esperó. Fin de la historia. Todos juntos de nuevo. Salvo los cuatro de la fuga, a los que había resucitado ese parón.

En la carretera siempre hay algún asesino. Offredo y Phinney se quedaron solos. Eran los más fuertes. Se juntaron para defender 40 segundos en los ocho kilómetros hasta la gris Lieja. Poco antes del Tour, Offredo tuvo un percance en la carretera mientras se entrenaba. Bronca con el conductor agresivo de un coche. Del vehículo se bajaron dos individuos, uno cuchillo en mano, y le partieron la nariz. A Phinney le macheteó la pierna otro criminal silencioso, el quitamiedos. Era, decían, el heredero de Armstrong, otro portento americano. Pero se dejó una rodilla en aquel guardarraíl. De eso hace mucho y ahora, todavía con 27 años, tratar de recuperar el pedaleo perdido. Él y Offredo se entendieron bien. Lieja, bajo su perpetuo cielo negro, les miraba. La vieron. No la alcanzaron.

A las puertas del sprint siempre hay un asesino: el pelotón. Ejecutó a Offredo y Phinney sin miramientos. Con frialdad. A juego con la temperatura del día. «Llegar a meta sin caerse es un éxito», resoplaba Contador. En el kilómetro final siempre se abre una caso a resolver y más si se trata del primer sprint masivo del Tour. Todos creen ser el que más rápido desenfunda. Todos confían en su puntería. Todos miraban a Kittel, el más peligroso, pero no le veían. Pedaleaba mal colocado.

«Nuestro plan no ha funcionado», reconoció el alemán. Su equipo, el Quick Step, había descarrilado. Estaba solo frente a Demare, Bouhanni, Cavendish, Colbrelli, Degenkolb, Greipel, Sagan, Matthews, Kristoff... Una manada de verdugos habituales. Pese a todo, halló la solución más sencilla: la fuerza. «Iba atrás y he saltado de uno a otro». Pistolero. Sacó la ametralladora. No dejó ni uno. Tenía que ganar. Por su país. Por su padre, Matías, antiguo ciclista en la Alemania comunista. Por el nuevo ciclismo germano que llena las cunetas. Lo hizo. Y rompió a llorar. Etapa cerrada.

El buzo de la crono

O no. Todavía quedaba, y queda, un caso por resolver. ¿Qué es el Vortex? El equipo La Française des Jeux (Pinot) y el BMC (Porte) han presentado un recurso ante los comisarios de la carrera contra el buzo de contrarreloj que vistieron el sábado cuatro corredores del Sky, incluidos Froome y el líder, Thomas. Dice el director de desarrollo de La Française, Frederick Grappe, que la ropa del Sky lleva ese material, el 'Vortex', que tiene una superficie similar a una pelota de golf y que, según Grappe, aumenta un 5% la penetración en el aire. Eso, calcula, le dio a los corredores del Sky entre 18 y 25 segundos en la 'crono' de Düsseldorf. Grappe habla de trampa y recuerda que el reglamento de la UCI no permite modificar la fisonomía de un ciclista.

Entre los comisarios de la UCI no está Maigret, el intuitivo inspector tejido por Georges Simenon con sus experiencias en los barrios más ocultos de Lieja. Así que optaron por enarcar las cejas sorprendidos. Se rascaron las cabezas y eludieron cerrar el caso: «Ahora no tenemos datos suficientes para adoptar alguna medida». Eso concluyeron. El caso queda abierto. Aunque irritó al Sky. Según el equipo de Froome, el buzo ha sido homologado y el 'Vortex' lo usan más formaciones. «No es un añadido a la ropa, sino que va integrado en el maillot», argumentó Nicolas Portal, director de Thomas, líder del Tour, y del líder del Sky, Froome, que entró en Lieja con el culo raspado y enfadado por su mala suerte con las caídas. Que haga como los padres de Georges Simenon: como nació el 13 de febrero de 1903 y eran supersticiosos, le inscribieron en el registro con fecha del día 12. Caso cerrado. El del 'Vortex' sigue abierto. ¿Se utilizará en la contrarreloj final en Marsella?

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