FIEBRE EN LAS GAUNAS

Las historias del abuelo

Mathieu van der Poel, ganador de La Rioja Bike Race. :: sonia tercero/
Mathieu van der Poel, ganador de La Rioja Bike Race. :: sonia tercero

VÍCTOR SOTO

Las historias persiguen a Mathieu van der Poel, ganador absoluto de La Rioja Bike Race. Detrás de cada una de sus brillantes actuaciones (y ya son legión, cuando apenas ha cumplido 23 años) aparecerá la imagen de su abuelo, Raymond Poulidor.

Debe de resultar curioso crecer a la sombra de un gigante, de un ciclista al que la derrota engrandeció hasta convertirlo en una leyenda. La de eterno segundón siempre será la etiqueta que persiga al octogenario francés, que paralizó a un país en sus duelos épicos con Anquetil y que tuvo entre los dedos varios Tours de Francia, pero que siempre se le acabaron escapando.

Ni tan siquiera se vistió de amarillo el pobre 'Pou Pou', que se subió tres veces al segundo cajón del podio de los Campos Elíseos y otras cinco más al tercero. Ocho 'casis'. Demasiados.

Mathieu van der Poel podría romper la maldición amarilla que persiguió a Poulidor

La historia no recuerda a los perdedores, excepto a Poulidor. Porque a pesar de sus casi 200 victorias en el campo profesional, entre ellas una Vuelta a España o siete etapas del Tour, el galo seguirá siendo un derrotado.

Tampoco pudo probar el amarillo Adrie, el padre de Mathieu, un ciclista más que digno con un subcampeonato mundial, dos etapas del Tour o una Lieja-Bastoña-Leija, entre otros grandes títulos. Además de no quitar la espina amarilla a su suegro, a él se le enquistó otra prueba: el mundial de ciclocrós, esa disciplina invernal venerada en el norte de Europa y casi olvidada en España. Cinco platas y dos bronces. El maleficio de 'Pou Pou' pesaba más que el barro y Adrie parecía gafado. Como Poulidor. Hasta que a los 37 años por fin logró dejar atrás esa maldición y, por fin, vestirse de arcoíris.

Entonces, Mathieu apenas tenía un año. Criado entre trofeos (en el ciclismo cada galardón es una historia prolija), el ciclismo le brotaba con una naturalidad impropia. El Mundial de ciclocrós que su padre tardó más de una década en lograr, él ya lo había sumado a los 20 años.

Fue en el 2015. Desde entonces, el neerlandés no ha dejado de sumar éxitos sobre el barro, en bicicleta de montaña o en ruta. El dinero de la carretera hace tiempo que llama a sus puertas, pero él no desea escuchar cantos de sirena aún. Se habla de que en el 2019 podría fichar por uno de los grandes equipos. El ciclismo quiere un nuevo Peter Sagan. No lo encontrarán en Mathieu, un chico sobrio que apenas sabe dibujar una sonrisa. Pero el pelotón sí encontrará a un gran ciclista que acabará por romper la maldición de su abuelo y de su padre y por fin podrá vestirse de amarillo. Entonces, hasta se podrá permitir un pequeño gesto de satisfacción. Y Poulidor podrá confirmar al mundo lo que él ya sabía: que sus genes no son los de un perdedor.

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