Más discreto de lo esperado

El riojano fue de más a menos en la clasificación en una carrera con mucho tráfico, tiempos ajustados y victoria por sorpresa de Samuel Gaze Coloma inicia la Copa del Mundo alejado del 'top-10'

M. GLERA LOGROÑO.

Carlos Coloma (Primaflor) firmó una discretísima trigésimo novena plaza en el estreno de la Copa del Punto, en Stellenbosch (Sudáfrica). Un puesto que no entraba en sus planes, porque su intención era rodar entre los diez primeros e incluso pelear por el podio. Ahora bien, la cita africana es la menos importante del año, porque no puntúa para Tokio 2020. Allí, en Cape Town, Sergio Mantecón y Pablo Rodríguez fueron mejores que el riojano, pero la de ayer fue una cita tan extraña que Nino Schurter (Scott) no venció, sino que lo hizo el neozelandés Samuel Gaze (23 años) y al esprint después de hora y media sobre la bicicleta.

Coloma afrontaba la cita desde al puesto número 22 en la parrilla de salida (tercera línea). El riojano se metió en el centro del pelotón para atacar la primera subida, hacia la derecha, por fuera. Subida en la que muchos, ya por detrás de él, echaron pie a tierra. Mucho polvo y tapones.

El cross country se asemeja a las pruebas de motor en circuito. Es fundamental protagonizar una buena salida si quieres estar en los primeros puestos, porque después de unos metros de gracia las bicicletas entran en senderos sinuosos en los que nos es fácil adelantar. Eso le paso a Coloma, que no pudo entrar en el sendero entre los mejores. A partir de ahí todo se ralentiza. Así, el riojano rodaba prácticamente un minuto más lento que la cabeza de carrera, donde ya se había establecido la pelea entre Nino Schurter, que el año pasado ganó todas las pruebas de Copa del Mundo, y Samuel Gaze, nueve años más joven.

Gaze, al igual que Mathieu Van der Poel, que también se dejó ver en los primeros puestos y concluyó cuarto, protagonizó una espectacular salida y en apenas un kilómetro había pasado el original puesto veintiocho a la segunda plaza. A ellos se sumaban Maxime Marotte, campeón francés, Antón Cooper, Henrique Avancini, pero el mando se lo repartían entre el suizo y el joven neozelandés.

Coloma mejoraba su ritmo con el paso de los kilómetros. Rodaba algo más rápido y completaba el cuarto giro con su mejor clasificación, vigésimo quinto, pero seguía rodando en trece (minutos) alto, mientras que los mejores se mantenía en doce altos o trece bajos. Entraba en su terreno, en las últimas vueltas. Rodaba al mismo ritmo, prácticamente, que otros muchos clasificados en posiciones más adelantadas, pero era muy complicado pasarles. En las subidas, por la exigencia; en las bajadas, por su velocidad, como la Wine Barrel, un tobogán sobre lamas de madera, o Jardín de las Rocas o la bajada de los troncos. Peligroso. Y porque apenas hay metros.

Pasaban las vueltas y el riojano mantenía un ritmo más o menos estable, aunque en los dos últimos giros lo bajó. Se marchó a 14.19 en el penúltimo y cayó hasta la trigésimo tercera plaza, que finalmente se convertiría en la trigésimo novena, a 5.23 minutos del ganador de la primera prueba.

Esa era la carrera que vivía Carlos Coloma, pero la gran sorpresa la protagonizaba Samuel Gaze. No se arrugó. A mitad de la última vuelta, a falta de dos kilómetros para llegar a meta, tiró su bidón. Pasó junto a la bici de Schurter. Mirada desafiante del suizo. El neozelandés siguió a lo suyo. Ambos habían flirteado con la primera plaza durante esas casi siete vueltas. A Schurter le gusta rodar primero. Mejoraba su rendimiento en la primera mitad del trazado, mientras que Gaze tomaba la delantera bajando.

El suizo suele dar un hachazo en el ecuador de la prueba, pero ayer no lo hizo. Estrategia o simplemente no podía. Gaze aguantaba. La experiencia podía jugarle una mala pasada. Faltaban unos metros, salía primero de la pasarela, enfilaba la recta, giraba a la izquierda y se dirigía a meta. A su derecha, Schurter. Se jugaban todo en apenas cincuenta metros. Gaze tomó una ligera ventaja. Ambos bailaban su bicicleta, pero a Schurter se le salió la cala de su pedal izquierdo y abortó el esprint a las puertas de la línea de meta. Samuel Gaze no se lo creía. Algunos apuntan a un fallo en el cambio electrónico de la bicicleta de Schurter. Sólo su equipo y él lo saben. Paradojas del deporte, unos minutos antes entrevistaban a Yanick Gyger y le felicitaban porque el año pasado el suizo no había sufrido ninguna avería mecánica.

Desde agosto del 2013 sólo Absalon, Kulhavy y Schurter habían subido a lo más alto del podio. Y el suizo anuló el pasado año al francés y al checo. Gaze se tiraba al suelo. Apenas podía respirar. Cansancio, emoción e incredulidad. Se ponía en pie y se echaba las manos a los muslos. Estaba roto, pero había ganado a un mito sobre dos ruedas.

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