La Rioja

SENDEROS Y CALAMBRES

Todavía siento algún ligero calambre cuando escribo estas líneas, cinco horas después de acabar la primera etapa de La Rioja Bike Race 2017. Y no es que no esté acostumbrado a andar en bici de montaña, deporte que abracé hace tan solo cinco años, pero del que me he hecho un fiel aficionado, sino que el recorrido de la primera jornada ha sido de una gran dureza. Quizás no ha sido la mejor ruta para estrenarse en una gran carrera por etapas, pero la compañía (gracias 'cuñao'), el entorno, el descubrimiento de recónditos senderos y el hecho de haber podido culminar la jornada sin más problemas que unas molestias musculares en los gemelos se han sobrepuesto finalmente al sufrimiento sobre la bicicleta.

Temida por la mayoría de los corredores por sus inmensos subes y bajas, la primera etapa ha cumplido fielmente con su etiqueta de rompepiernas. Las grandes subidas de Cuatro Caminos, Peña Aldera, Luezas y las faldas de Peña Saida han acabado por ablandarnos a muchos que, como postre y cuando las fuerzas ya flaqueaban, hemos tenido que encarar otra prolongada ascensión desde las canteras de Viguera para enlazar con Senda Bonita. Esta última, uno de los descensos más largos y bonitos (valga la redundancia) del entorno de Logroño, ha sido un buen contrapunto a tanta escalada, como también la empinada y variopinta caída hacia Peña Puerta y la electrizante bajada por el juguetón sendero que flanquea la ladera oeste del Chorrón de Viguera. Todos ellos deliciosos, como tuvieron ocasión de comprobar muchos ciclistas llegados desde otros rincones de la geografía española, entusiasmados por la amplia red de vericuetos que surcan estas primeras estribaciones de los Cameros. A destacar también las grandes vistas sobre el valle del Iregua y los toboganes del Pico del Águila.

Técnicamente asequible para la mayoría de corredores, la etapa ha registrado grandes tapones cuando desembocabas de caminos a embudos de senderos o bien por la existencia de algún tramo de más complicada ciclabilidad. Algo que, por otra parte, parece inevitable en una prueba con mil participantes y que, dicho sea de paso, hasta viene bien cuando vas con la lengua fuera.

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