La Rioja

El ciclismo valiente

Nairo Quintana, druante la etapa de ayer de la Vuelta en la que reforzó su liderato. :: efe
Nairo Quintana, druante la etapa de ayer de la Vuelta en la que reforzó su liderato. :: efe

Durante el Tour de Francia, el periodista Jesús Gómez Peña, en una de sus excelentes crónicas, afirmaba que, tras dos semanas y varios miles de kilómetros recorridos, Francia era para Nairo Quintana el culo de Chris Froome.

Siempre a la expectativa, aguardando y vigilando, el colombiano se había convertido en un perro de presa. No era su estilo. El de Cómbita, procedente de una familia humilde, sabe lo que es el esfuerzo desde su infancia. Según cuentan sus biógrafos, sus padres decidieron, para ahorrar un poco, que el hijo acudiese a la escuela en bicicleta (un amasijo de hierros pesadísimo y antediluviano) en vez de en el autobús escolar.

Diecisiete kilómetros de ida y vuelta, con rampas de hasta el 10%, fueron forjando a un ciclista que disfrutaba atacando y rompiendo a sus rivales.

Pero con los éxitos, los contratos millonarios y las obligaciones, también tuvo que cambiar el estilo de correr, su planteamiento. Lo mismo le ocurre a Alberto Contador y al resto de profesionales, en un mundo hiperprofesionalizado y científico (el equipo Sky es una verdadera factoría), que ejercen una especie de ajedrez de la agonía.

Por eso reconforta encontrarse con las etapas como la de ayer, con Contador atacando desde el inicio, Quintana desatado, Froome sufriendo como nunca antes y un pelotón roto que entró a 53 minutos del ganador de la etapa y que tuvo que ser repescado para que la Vuelta no se convirtiese en un ridículo.

Pero la batalla abierta, a muerte, con intereses cruzados, aliados contra natura, frentes por todos los lados y bombas estallando por doquier dejó de nuevo la imagen de un Nairo Quintana valiente.

Lo necesitaba el colombiano para limpiar esa imagen dañada del pasado Tour, cuando se vio inerme y superado en todo momento, relegado al rebufo de un inalcanzable Froome. Mientras, el inglés deberá ahora reflexionar. No es intocable y su equipo está casi tan cansado como él. Sin sus mejores compañeros, Froome es vulnerable. Ha sido bueno saberlo porque ahora queda una semana con Peñagolosa, el alto de Aitana o una contrarreloj de 37 kilómetros.

La diversión está garantizada. Cuando el ciclismo vuelve a su esencia, a esa locura total alejada de pinganillos y consignas, se desatan las pasiones. Nairo Quintana puede ganar la Vuelta a España, pero sobre todo recuperar crédito y recuperando a la legión de seguidores que quieren ver en él al epígono de una saga que empezó Hernán Medina 'El príncipe estudiante' y que ha dado 'escarabajos' tan ilustres como Lucho Herrera o Álvaro Mejía. Alabado sea el ciclismo de los valientes.