HASTA SIEMPRE, GARABAYA Y JOTA; VUELA ALTO, ÁNGEL

Ángel Fernández marca uno de sus once goles. :: Díaz Uriel
/
Ángel Fernández marca uno de sus once goles. :: Díaz Uriel

El Ciudad de Logroño vence sin problemas al Benidorm en un día de emotivas despedidas

Rubén Garabaya podrá decir que el día de su despedida después de 22 años de profesión, su equipo ganó con comodidad a un Benidorm que plantó batalla durante la primera parte. El pivote le recordará a sus hijos Martina y Nicolás, ambos estaban ayer presentes en el Palacio de los Deportes, que jugó a un altísimo nivel hasta el día de su jubilación. Les recordará que cuando colgó las botas también fue el último día en que al Ciudad de Logroño le dirigió Jota González, el responsable de colocar en el mapa nacional e internacional a un equipo de provincias que acabó tuteando a los más grandes del continente. Garabaya podrá revisar la hemeroteca y rememorar que aquel glorioso día, el que supuso su último encuentro como jugador profesional, el Palacio de los Deportes no solo le despidió a él y a Jota González con todos los honores. Porque Ángel Fernández, máximo goleador de la historia del equipo franjivino y uno de las personas que más alegró los distintos vestuarios franjivino del pasado lustro, puso rumbo a Polonia después de cinco campañas en las que se metió a la afición riojana en el bolsillo.

El de ayer, sin duda, fue un partido con las emociones a flor de piel. Quizá lo secundario fue el encuentro y el triunfo. Y poco importaron las victorias del Ademar en Valladolid y el Granollers en casa frente al Guadalajara. La fiesta para la afición franjivina estaba en la pista logroñesa. Sin embargo, durante sesenta minutos se disputó un partido de balonmano. No fue el mejor despliegue de los hombres de Jota González, pero el Ciudad de Logroño venció al Benidorm gracias a una muy seria segunda parte. No faltaron ganas, sí algo de concentración. Sobre todo al principio, en la primera parte, en la que la defensa franjivina tardó en acoplarse, en cogerle el punto a Noelvis Roblés, un central cubano que ingresó en reemplazo de Pablo Simonet, que en una acción involuntaria, cayó mal sobre su hombro y se retiró.

El atlético cubano Roblés jugó a lo que sabe: penetración en velocidad y jugársela siempre al uno contra uno. Le salió una, dos veces, pero a la tercera Garabaya y Sánchez-Migallón ya le habían cogido la matrícula al caribeño.

De esta manera, y con algunas intervenciones de Jakub Krupa, el Ciudad de Logroño abusó de un inspirado Ángel Fernández, que corrió como nunca y que para el descanso llevaba anotados nada menos que siete goles en siete intentos. Se quería despedir por lo alto el cántabro.

Ya con el partido disputándose, en la grada los móviles empezaron a echar humo consumiendo los resultados del Ademar y Granollers. Las novedades fluctuaban mientras el Ciudad de Logroño cogía una ventaja de tres goles, que en el minuto 22 fue neutralizada por el Benidorm. Tiempo muerto de Jota González y nuevamente manos a la obra para marcharse al descanso con la misma renta de tres goles (18-15).

Los franjivino necesitaban el triunfo si querían soñar con la Champions y salieron en la segunda parte a comerse al conjunto alicantino, que fue devorado en dos bocados. Porque la defensa se cerró, ahogó a los lanzadores cubanos -Rivero, Roblés, Paván y Guillermo Corzo- y mató al contraataque.

Esto permitió que Ángel Fernández flotara nuevamente por el firmamento logroñés para marcarse otro vuelo del Ángel y anotase otros cuatro tantos más para despedirse con unos números que difícilmente le arrebatarán el récord en el futuro más inmediato. Porque el de Astillero se marcha de Logroño después de jugar 246 encuentros en los que ha marcado 1.162 tantos, lo que supone una media de 4,7 por encuentro (en Asobal, en concreto, 717 goles en 145 partidos, con una media de casi cinco goles por choque).

La defensa incrementó su intensidad, asfixió y atascó al Benidorm, que estuvo más de diez minutos sin anotar ni un gol, y sentenció el partido para el ecuador de esa segunda parte. Era el momento de las ovaciones a los que decían adiós a la disciplina franjivina. Jota González les reunió a casi todos en pista: Jakub Kupra, Pablo Paredes, Ángel Montoro, Fabio Chiuffa, Ángel Fernández y Rubén Garabaya jugaron unos minutos todos al unísono, sin bajar un ápice el nivel.

Y poco antes del final, Garabaya marcó su último gol como profesional. El Palacio de los Deportes se puso en pie y despidió a sus héroes, que el año que viene volverán a jugar la Copa EHF.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos