BALONMANO

Un manojo de nervios franjivino

Garabaya patea el banquillo. :: F.d./
Garabaya patea el banquillo. :: F.d.

Garabaya pierde los papeles, los extremos fallan trece tiros y el equipo pierde cohesión mientras se hunde en la penúltima plaza

Martín Schmitt
MARTÍN SCHMITTLogroño

En el Palacio se encendieron las alarmas el sábado por la noche. Justo después de caer el Ciudad de Logroño ante el Guadalajara y de ver que el equipo franjivino se apalanca en la penúltima plaza. Más allá de eso, lo más preocupante es ver que el equipo no acaba de conectar, que ataca de forma muy desordenada y defiende con poca contundencia. Una imagen que dista mucho de la temporada pasada. No se esperaba que tanto.

Pero la bajada de presupuesto supuso una bajada de calidad. El sábado, viéndoles vestir otra camiseta, la afición riojana echó de menos a la dupla como la que forman en Guadalajara Víctor Vigo y Javi García.

En el centro de la primera línea Lazar Kukic está teniendo más minutos que Juan Castro. El serbio juega a ráfagas, pero fue de lo mejor del equipo, el más vertical, el que más huecos vio en la defensa visitante y el que más veces se puso el equipo sobre los hombros. Rubén Garabaya, a sus 39 años de edad, no tiene gasolina suficiente para jugar los 60 minutos. El equipo le necesita más en tareas defensivas y el sábado le saltaron los fusibles por culpa de la nefasta actuación arbitral. Kule Kusan todavía está muy perdido, demasiado verde como para hacer olvidar al pivote manchego.

Otro de los jugadores que el equipo riojano echa de menos es a Haniel Langaro, que pese a jugar una segunda vuelta floja, en cualquier momento rompía con una acción individual. En estos momentos, nadie del Logroño es capaz de hacer algo similar. El jugador llamado a suceder al brasileño en esa función es Juan del Arco, que llegó con ganas de recuperar un sitio en la selección, pero de momento no acaba de explotar.

El nerviosismo es otro de los grandes protagonistas del vestuario franjivino. El sábado, la falta de efectividad fue evidente. El equipo riojano lanzó mucho más que su adversario (49 tiros locales frente a 41 del Guadalajara), pero marcó un 51 por ciento de esas opciones contra el 68,3 de su rival. Los máximos goleadores del equipo tuvieron unos números muy pobres, como Ángel Fernández, con tres goles en diez lanzamientos, o los extremos derechos (Muñoz y Chiuffa), con dos tantos cada uno en cinco lanzamientos, respectivamente.

Los nervios también se trasladaron fuera de la pista. Miembros de Orgullo Franjivino denunciaron que tuvieron un altercado con un empleado encargado de levantar la publicidad cuando quisieron hacerse fotos con Víctor Vigo y Javi García.

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