LIGA ASOBAL

El BM Logroño se sacude el mal fario

Paredes intentar disparar entre dos defensas. :: jesús garzarón/d.n./
Paredes intentar disparar entre dos defensas. :: jesús garzarón/d.n.

Con un gran Krupa, los franjivino tumban al Anaitasuna, hasta ayer invicto en la Liga Asobal

MARTÍN SCHMITT PAMPLONA.

Por fin. Tarde o temprano iba a llegar. Pero nadie imaginaría que sería ante una de las sensaciones de la Liga, el colíder de la Asobal -hasta anoche- y en su campo. El Ciudad de Logroño, que atravesaba el peor momento de su historia, dio un tremendo golpe en la mesa. Venció al Helvetia Anaitasuna con autoridad en 'La Catedral', con un gran Jakub Krupa que desquició a los navarros, y un Ángel Fernández matador, letal. Un jugador totalmente distinto al del último encuentro. Esta vez, en once lanzamientos, el extremo internacional marcó diez golazos que hacen que el equipo franjivino abandone, por méritos propios, la zona de descenso.

No fue algo sencillo para los hombres de Jota González, que acabaron abrazados a la veintena de aficionados llegados desde La Rioja. Pero al poco de empezar había algo en el ambiente que hacía soñar con algo grande. El Ciudad de Logroño, a diferencia de otros encuentros, comenzó centrado, sobre todo en tareas defensivas, neutralizando con velocidad los errores. Sin demasiada puntería, sobre todo los laterales derechos (tanto Imanol Garciandia como Ángel Montoro), el equipo riojano se mantuvo de pie contestando a cada gol local.

LAS CLAVES

La portería
Jakub Krupa se marcó un partidazo
Apoyado por una defensa intensa, el checo paró todo lo que le lanzaron. Generó seguridad y muchas contras.
La tranquilidad
Pese a ir a remolque en la primera parte y perder a su mejor jugador (Garabaya), el equipo riojano supo dominar su ansiedad y jugar con mucha tranquilidad.

El gol caía para los de Jota González por el extremo izquierdo. Ángel Fernández demostró que el 30 por ciento de eficacia del encuentro ante el Guadalajara había sido un accidente. El cántabro sostuvo al equipo con seis tantos en esa primera parte, que hicieron creer a la veintena de aficionados logroñeses que la suerte podía cambiar. Y ante todo un Anaitasuna, intratable tanto en la Liga doméstica como en la Copa EHF.

Garabaya se empleaba a fondo, sobre todo en defensa. Pero los primeros minutos aguantó también en ataque. Y el buen Logroño soportó hasta que entró en la pista el jugador más pequeño de la Liga Asobal: el central Erik Balenciaga, que en la primera jugada le sacó la primera exclusión a Garabaya. Y unos minutos más tarde, en el 17, la segunda. El asturiano se marcharía expulsado en la segunda parte por una falta que él jura que no hizo.

Eso condicionó al Ciudad de Logroño, que a partir de entonces tuvo que improvisar una retaguardia con Del Arco en el centro, acompañado por Sánchez-Migallón. Esa segunda exclusión del asturiano fue especialmente dolorosa, porque en dos lanzamientos consecutivos de Imanol Garciandia, Sergey Hernández marcó desde su portería y Álvaro Gastón hizo lo propio. Otra vez a remar a contracorriente. El buen inicio se había esfumado. La buena tarea defensiva y en portería (diez paradas de Krupa en esa primera parte) se fueron al traste. Para entonces, el Helvetia había pisado a fondo el acelerador y de la mano de Balenciaga se marchó al descanso con un engañoso 16-12 que no hizo justicia a lo visto en la pista.

Las dudas del buen momento franjivino quedaron despejadas en los primeros minutos de la segunda parte. Los ataques en velocidad de Balenciaga fueron anulados con el 5-1 en defensa propuesto por Jota González. Inteligentísimo planteamiento que ahogó a un Anaitasuna que tuvo que pedir un tiempo muerto para parar la sangría de contraataques con las que el Ciudad de Logroño empató el duelo en un abrir y cerrar de ojos. En concreto, cinco minutos tardaron los riojanos en igualar las cosas y apagar el ambiente festivo que se vivía en 'La Catedral' del balonmano.

Juanto Apezetxea cambió a su director. Sentó a Balenciaga y colocó a Ceretta, que tampoco fue capaz de variar la dinámica. Porque debajo de los palos estaba Jakub Krupa, una pared. El checo anuló a Oswaldo, a los extremos -que soñarán con el 1 franjivino- y a los pivotes. Ugarte y Bazán también tendrán pesadillas con Krupa la próxima semana.

El secreto del BM Logroño, esta vez, fue que jugó con tranquilidad, pese a que sus laterales no mejoraron su efectividad. Pero la calma, comenzando por un Lazar Kukic que crece partido a partido, contagió a toda la plantilla, que no desesperó por la expulsión de Garabaya a catorce minutos del final. Los riojanos ganaban entonces por tres goles y aunque la renta se fue reduciendo, la retaguardia continuó con intensidad, Krupa siguió a la suyo y el ataque marcó cada vez que anotaba el Anaitasuna.

Con frialdad, el Logroño mató el encuentro. Fue a un minuto del final cuando abrió una brecha de dos tantos. Los franjivino se abalanzaron sobre Krupa, que no sonrió en ningún momento. La procesión iba por dentro. El equipo franjivino se trajo una victoria importantísima de Pamplona. Para salir del descenso y para calmar el alma.

* Twitter: @martinrioja

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