LIGA ASOBAL

EL LOGROÑO RECUPERA SU INSTINTO DEPREDADOR

Juan Castro, ayer
determinante, intenta
quebrar la defensa de Nacho
Moya y Juanlu Moyano. ::  opta/
Juan Castro, ayer determinante, intenta quebrar la defensa de Nacho Moya y Juanlu Moyano. :: opta

Los franjivino ganan con autoridad y un iluminado Juan Castro a un Puente Genil sin ideas

MARTÍN SCHMITT

El Ciudad de Logroño continúa con su dinámica positiva. Ayer, con una victoria basada en la seriedad defensiva, en el poder de los pequeños, especialmente de un iluminado Juan Castro, y en la gran actuación de Gurutz Aginagalde, dejó en la cuneta a un Puente Genil que se quedó sin ideas en la segunda parte gracias al ritmo impuesto por los franjivino. De esta manera, los riojanos suman nueve de los últimos diez puntos en juego, en una dinámica que comenzó a materializarse en Pamplona hace exactamente un mes.

El de ayer fue un triunfo coral, aunque mucho tuvo que ver la gran actuación de Juan Castro, que fue el revulsivo que necesitó el Ciudad de Logroño para romper el partido. El central leonés ingresó a la pista a cubrir la salida de Pablo Paredes, que no acaba de ensamblarse en el sistema del equipo, y rompió el encuentro. El central supo leer a la perfección la gigante defensa del Ángel Ximénez-Avia comandada por Rudovic y Revin, además de manejar el ritmo y los tiempos del conjunto logroñés.

LAS CLAVES

Intensidad
El equipo jugó un partido muy serio, con defensas intensas y ataques inteligentes, sin desesperarse demasiado, cometiendo pocos errores.
La portería
Gurutz Aginagalde cuajó un muy buen encuentro, con paradas importantes en momentos claves del partido, algo que necesitaba el capitán.

Eso en ataque, porque en la otra portería el que salió al rescate de los riojanos en los momentos de zozobra fue Gurutz Aginagalde. El capitán necesitaba un partido así: un encuentro que le aportara buenas sensaciones y seguridad, algo que en este primer tramo de Liga ha venido en cuentagotas.

Con el triunfo de anoche, el equipo franjivino suma nueve puntos de los últimos diez posibles

El equipo riojano comenzó acertado en ataque pero sobre todo en defensa. Pero esa consistencia pronto se diluyó, especialmente el aporte ofensivo. Paredes, que salió de inicio, no termina de encontrar el ritmo de sus compañeros, por lo que Jota González decidió, a los diez minutos de juego, colocar a los pequeños en pista -Juan Castro en el centro y Lazar Kukic en la izquierda-. Los goles llegaban gracias al serbio, a Montoro y Chiuffa, que volvió a fallar su segundo penalti y cedió el testigo a Castro, que marcó las dos ocasiones en las que se plantó en los siete metros.

El equipo franjivino parecía espeso en esa primera parte. Rudovic se deba un festín desde el lateral izquierdo y el Puente Genil era bien comandado por Chispi Vázquez en el centro. Eso sí, Rubén Garabaya se encargaba de que ni Moreira ni Almeida recibieran balones claros en el pivote. Estaban alertados los riojanos que, sin embargo, caían por un margen de dos goles (7-5, minuto 15) en el ecuador de esa primera parte.

Gurutz Aginagalde entró por un Jakub Krupa muy apagado y el Ciudad de Logroño pronto empezó a sonreír. Porque después de que Juan Castro, muy activo junto a Kukic en la primera línea, lograra empatar, el capitán del equipo riojano, en inferioridad y con una doble parada a Moreira y el extremo Curro Muñoz, lanzó a los suyos a la contra para que Ángel Fernández consiguiese colocar a su equipo comandando en el marcador.

Fue el mejor momento de los hombres de Jota González, que en un abrir y cerrar de ojos, sacando rápido del centro, y con Juan Castro sereno desde los siete metros, lograse ponerse 10-13, la máxima renta de esa primera parte, minimizada sobre la bocina por un tanto de Moreira.

Era un encuentro igualado que podía caer para cualquiera de los dos bandos. No obstante, el Ciudad de Logroño mostró en la segunda parte su mejor cara. Intenso en defensa y seguro en ataque, empezó a abrir hueco ante un Puente Genil que se fue quedando sin gasolina. Rudovic pintaba muy poco, al igual que Chispi, ahogados por una retaguardia en la que volvió a brillar el eterno Rubén Garabaya, que no acabó el encuentro por un golpe en su pierna izquierda. Sólo David Jiménez y Almeida lograban mantener a flote a un cuadro cordobés que no aguantó el ritmo impuesto por Castro y sus compañeros.

A la contra, Ángel Fernández acabó dando la puntilla a los pontaneses y logró matar el partido a doce minutos del final, una costumbre que los de Jota González habían perdido esta campaña pero que recuperaron ayer en tierras andaluzas. Porque al margen de la victoria y de ciertas inseguridades, el Ciudad de Logroño recuperó algo muy importante ayer en la pista del Puente Genil: el instinto matador, una seña de identidad de los últimos años que tenía olvidado en algún lugar. Ahora, debe materializar ese buen momento ante el Ademar.

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