COPA EHF

Insuficiente victoria ante un equipo sin señorío

Zhyla y Dontsov intentan frenar a Juan del Arco. :: S. Tercero/
Zhyla y Dontsov intentan frenar a Juan del Arco. :: S. Tercero

El Ciudad de Logroño se despide de la EHF ante un Minsk que se marchó abucheado por el Palacio

MARTÍN SCHMITT

La remontada se quedó corta. Al Ciudad de Logroño le fue insuficiente la merecida victoria por 35-30 frente al Minsk, que le deja fuera de la Copa EHF de forma prematura por primera vez en su historia. En el global de la eliminatoria pesaron demasiados los ocho goles de renta -con la ayuda arbitral incluida- que se trajo de Bielorrusia. Pasó el Minsk, quizá justo ganador, pero un equipo sin ningún tipo de señorío. El Palacio de los Deportes guardará muy mal recuerdo de este buen bloque, con futuras estrellas como Padshyvalau o Kulesh, después de lo visto en el último minuto del encuentro, cuando con 34-30 en el marcador y la serie sentenciada, solicitó el banquillo bielorruso un tiempo muerto.

Al público le gustó muy poco ese detalle, pero lo peor aún estaba por suceder: algunos jugadores y parte del cuerpo técnico del SKA Minsk, se dirigieron hacia el centro del campo haciendo gestos al público -con peineta incluida-. El Palacio explotaba de indignación. Justo después, Kulesh continuó con el desprecio hacia el Ciudad de Logroño y su público lanzando el balón a ningún lado. Impresentable. Esto mereció abucheos desde los cuatro costados al despedirse el bloque minskeño, que continuaron desafiando al público al acabar el encuentro y, varios minutos después, al subirse al autobús, cuando algunos aficionados les gritaron: «Fair play».

LAS CLAVES

Falta de eficacia
El Ciudad de Logroño volvió a fallar demasiado
Ayer, además de desperdiciar cuatro penaltis, los franjivino chocaron otra vez con el buen portero Maroz.
El arbitraje en Minsk
La eliminatoria quedó prácticamente decidida en Minsk, después de sufrir los riojanos un muy mal arbitraje
Esa fue la clave de la serie.

Una pena que estos incidentes empañaran un buen, aunque insuficiente, triunfo del cuadro franjivino basado en el coraje. Porque fue lo que puso sobre la mesa el equipo de Jota González para vencer a un Minsk serio.

Desde el inicio, el Ciudad de Logroño no podía despistarse. Debía jugar con tranquilidad, tratando de ir abriendo hueco para acercar la eliminatoria. Le costó, no tanto en ataque sino en defensa. Los de Jota González plantearon un 5-1 con Ángel Fernández en el avanzado para romper la conexión entre el central Padshyvalau y el poderoso Vladilsav Kulesh. El Minsk le encontró la vuelta colocando al lateral izquierdo en el centro. Él solo marcó las diferencias para el bloque bielorruso con misiles desde los 11 metros que ni Jakub Krupa, primero, ni Gurutz Aginagalde, después, pudieron detener. La joven estrella, que volará a Europa próximamente, se marchó a los vestuarios nada menos que con siete tantos.

La defensa, sin embargo, fue encontrando ritmo. Una velocidad marcada por Rubén Garabaya, que tácticamente fue creando problemas y dudas al ataque visitante, lo que provocó algunos robos que capitalizaron Ángel Fernández y Fabio Chiuffa. El Logroño se lo empezó a creer, al ver que las diferencias entre unos y otros eran de dos y tres goles.

Sin embargo, con balón para colocarse cuatro goles por delante, Juan Castro lanzó forzado y desviado. Y a falta de dos minutos, el SKA Minsk, que también sabe correr, se marchó al descanso cayendo por uno (16-15). Es que el Ciudad de Logroño nunca llegó a hacer gala de una seguridad plena, pese a que el público, unas 2.200 personas aproximadamente, no dejó de empujar durante todo el encuentro.

Garra, sobró. Faltó eficacia, sobre todo desde los siete metros. Ayer, el Ciudad de Logroño falló cuatro penaltis, además de muchos lanzamientos desde los nueve metros.

En la segunda parte, Lazar Kukic, que está firmando una muy buena temporada, cogió el mando y trazó la verticalidad que debía seguir el equipo. Con distintas defensas abiertas, el cuadro franjivino fue minando el ataque visitante, que especuló con el resultado y atacaba hasta el borde del pasivo. Con marcajes personales a Padshyvalau y Kulesh los recursos del Minsk se iban apagando, pero el Logroño no materializaba sus ataques por la falta de eficacia, al chocar una y otra vez contra una muralla llamada Maroz. Otra vez el portero bielorruso se convirtió en el sostén de su equipo, abortando quince tiros del bloque riojano.

Jota González lo intentó con todo, como atacar con doble pivote y sin portero, pero las diferencias no se terminaban por romper. Continuaba ganando su equipo por márgenes de tres goles, demasiado corto para soñar con la remontada. Ya al final, con la serie definida a favor de los hombres de Papruha, llegó el bochornoso último minuto final.

El Logroño se queda sin Europa. Nadie puede reprocharle nada al equipo, que se dejó el alma en la pista, pero nada será lo mismo.

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