Balonmano

Los 40 de Gurutz

Cuatro décadas ha cumplido el capitán del buque franjivino. /Juan Marín
Cuatro décadas ha cumplido el capitán del buque franjivino. / Juan Marín

El capitán franjivino rememora las alegrías y sinsabores deportivas de las cuatro décadas que acaba de cumplir

Martín Schmitt
MARTÍN SCHMITTLogroño

Logroño. Es uno de los abuelos de la Liga Asobal. Sólo Javi Díaz, portero del Atlético Valladolid, su compañero Fernando Hernández, el extremo del Cangas, Suso Soliño, y el eterno Jota Hombrados le superan en edad. Lleva 582 partidos disputados en la Asobal y acaba de cumplir, el 26 de octubre, los 40 años de edad. Mantiene la misma vitalidad de siempre y no se ha planteado jubilarse todavía, aunque hay cosas que ya no son las mismas para él. El capitán del Ciudad de Logroño, Gurutz Aginagalde, se considera un privilegiado por poder seguir disfrutando del deporte que ama. «Es un lujo poder jugar al balonmano y estar físicamente como estoy con 40 años. Hay gente muchísimo más joven que está más cascada que yo», apunta el meta. «Eso se lo debo agradecer a mis padres», añade.

El irundarra juega su vigésima tercer temporada. Sólo ha jugado en dos clubes: el que le vio nacer, el Bidasoa Irún, y el Ciudad de Logroño, «viviendo de todo en los dos». En el conjunto vasco fue campeón de la Recopa y de Liga Asobal; luego le tocó, muy joven, 6sufrir etapas de sinsabores. «Me vine a Logroño dejando el equipo en Europa», rememora.

Aquí jugó en la 'B', logró el ascenso, se clasificó para jugar la Copa EHF y también para jugar la Champions. Ahora, que las cosas no van como se esperaban, es el primero en arrimar el hombro para sacar al conjunto franjivino de la situación en la que se encuentra.

Debutó con 17 años y fue campeón de la Recopa europea; también luchó por no descender tanto en Irún como en Logroño

Se preveían tiempos difíciles con la marcha del principal patrocinador y, además de Jota González o jugadores como Rubén Garabaya, Gurutz Aginagalde, que tenía ofertas para marcharse (incluso fuera de España) apostó por quedarse en Logroño. «No me arrepiento de nada. Era el momento de dar un paso adelante, en dar confianza a este proyecto, que a pesar de la situación actual es sólido», indica el capitán franjivino. «Al margen de aspectos deportivos o económicos hay cuestiones sentimentales que me unen a Logroño», añade.

El presente del club no es fácil de sobrellevar, aunque Gurutz destaca que el club está saneado. «No están saliendo bien las cosas, hemos perdido nuestras señas de identidad. Tenemos que encontrar nuestros valores que son defender fuerte, recuperar balones y correr», señala el 12 franjivino.

De estos años como profesional el cancerbero guarda muy gratos recuerdos. Entre ellos, los primeros títulos con el Bidasoa, con sólo 17 años de edad. También rememora con una sonrisa su marcha de Irún, en el 2005, que fue portada del Diario Vasco, al conseguir meter al equipo amarillo en Europa.

Ya en Logroño, donde llegó en el 2005, vivió en carne propia cómo los objetivos se iban cumpliendo año a año. «Fue una pasada llegar a jugar la Champions con el Ciudad de Logroño y también participar en unas cuantas finales. Son momentos inolvidables», destaca.

También guarda en su retina algunos partidos especiales, «aunque creo que el mejor está por llegar». Pero derrotar por 35-33 a todo un Paris Saint Germain en el Palacio de los Deportes -febrero del 2015- es un recuerdo que no borrará jamás de su corazón. «Fuimos el último equipo en ganarle al Barcelona; vencimos al PSG; también al Atlético de Madrid de mi hermano Julen. Son los encuentros que hacen que veas que estábamos allí arriba. Ahora, echando la vista atrás, lo vemos con nostalgia», explica. Su máximo anhelo es ganar un título con el conjunto franjivino, aunque «antes hay que salir de esta situación».

Dentro de las amistades que le ha dado el balonmano Gurutz destaca la de Unai Arrieta, exextremo franjivino, y Marc Amargant, central catalán que dejó la práctica deportiva.

En su repaso al alcanzar los cuarenta, el portero considera que todavía hay cuerda para seguir adelante. «Estoy totalmente convencido de que si algún día lo dejo será por temas psicológicos o de motivación que de físico. Me encuentro bien y creo que puedo estar cinco o seis años más jugando», observa el meta.

Pero hay cuestiones que no lleva con tanto brío, como el cambio generacional. Gurutz cree que el jugador de balonmano, en general, se ha vuelto más egoísta, más individual, donde se prima más otros aspectos distintos a los deportivos; «Hay compañeros que cuando empecé ni siquiera habían nacido. No creo que deba de hacer de padre, debo centrarme más en mí mismo. Siempre he sido una persona de equipo y hay cosas que me cuesta asimilar».

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