Gracias Panta

El Fuerteflojo

"...Pantaleón, el Panta, forma parte de la foto fija del polideportivo de Escolapios..."

Eloy Madorrán
ELOY MADORRÁNLogroño

El tiempo pasa lento, muy lento, las agujas del reloj son de plomo. Ni siquiera es hora de preparar la bolsa. Hay que conformarse con soñar jugadas, goles imposibles, pases mágicos, celebraciones... Sabina acompaña de fondo "Jimena tiene un máster en desengaños. Jimena es una mina antipersonal". Llueve afuera. Un rato frente a la tele sin prestar mucha atención a los informativos y por fin es hora de marchar hacia el polideportivo. Gusta llegar pronto. Es día de fiesta, es día de rituales, es día de balonmano.

Cada previa de cada partido es un momento ya vivido. Otra vez la camiseta amarilla con el número 11. Otra vez el buen rollo en el vestuario. Otra vez las instrucciones del entrenador. Y otra vez el Panta. "Cadetillo, a ver qué hacéis hoy", me dice camino del calentamiento.

No nos damos cuenta pero nuestro día a día está compuesto por objetos, acciones y personas que siempre están ahí. Sin darse importancia, desapercibidas, pero fundamentales para que todo siga igual. Rutina, sí. Pero nuestra rutina.

Pantaleón, el Panta, forma parte de la foto fija del polideportivo de Escolapios. Siempre ahí. Ha estado en miles de entrenamientos y partidos, en muchos casos ha sido profesor de los jugadores, ha acompañado al Calasancio a sectores y ha sido el chófer en múltiples viajes con la mítica furgoneta del colegio. También estaba en las cenas especiales, cuando se celebraba algún triunfo. Era uno más.

Desde hace semanas el polideportivo de Escolapios llora en silencio la ausencia del hermano Pantaleón, ahora destinado en otras tareas de la orden en Zaragoza. Se enteró que se tenía que ir, y se marchó. Cuanto antes, mejor. Propio del Panta. Carácter burgalés. Las palabras justas, ni una más. Pero leal y para siempre desde el silencio.

Su marcha pilló por sorpresa a cientos de 'píos' que tuvieron trato con él. No pudieron despedirse como les hubiera gustado. Que estas líneas se conviertan durante su lectura en un sentido adiós, en un merecido reconocimiento a su dedicación.

Yo sí que tuve la oportunidad de poder decírselo en persona. "Panta, gracias por todo".

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