LIGA ASOBAL

El Ciudad de Logroño regala el empate

Kusan le gana la posición a Mikel Redondo para marcar uno de sus dos tantos ante el Bidasoa. :: Fernando Díaz
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Kusan le gana la posición a Mikel Redondo para marcar uno de sus dos tantos ante el Bidasoa. :: Fernando Díaz

Los franjivino desaprovechan una renta de tres goles a ocho minutos del final e igualan in extremis

Todo estaba preparado para la fiesta. El Anaitasuna, el miércoles, y el Guadalajara, ayer en Puente Genil, habían perdido sus encuentros; los franjivino dominaban un partido muy loco, no apto para cardíacos, y su ventaja era de tres goles a falta de ocho minutos. A partir de ahí, los de Jota González encadenaron una serie de errores que acabaron regalando un empate a un Bidasoa intenso, que nunca perdió la fe. Y gracias a que Gurutz Aginagalde, en la última incursión de Jon Azkue a falta de cinco segundos, tocó el balón para evitar la derrota.

Un empate (30-30) que deja al Ciudad de Logroño en puestos europeos -empatado a puntos con un Anaitasuna al que de momento le gana el 'goal average'- pero que corta bruscamente la dinámica que traía el conjunto riojano en la segunda vuelta. Y lo peor, deja en general malas sensaciones, ya que el bloque franjivino regaló el empate. Porque en los últimos minutos, el Logroño cometió todos los fallos juntos: Rangel detuvo un lanzamiento bastante abierto de Ángel Fernández (para poner las cosas 29-26; Juan del Arco le dejó el balón en las manos a Kauldi Odriozola cuando defendía en el avanzado; la defensa calculó mal en un cambio y Salinas entró sólo al gol, e Imanol Garciandia falló sus últimos dos lanzamientos, chocando contra Rangel y el poste, respectivamente).

Un punto regalado, con su lazo incluido para unos irundarras que lo celebraron como un triunfo. Porque hay que remontarse al principio para darse cuenta el encuentro que se le escapó al Ciudad de Logroño, que tardó más de lo habitual en meterse en él.

Pese a las malas sensaciones, los riojanos alcanzan la quinta plaza dentro de puestos europeos

En realidad, fueron veinte minutos los que tardó en descubrir la vara de medir de los árbitros. El Bidasoa se aprovechó de ello y tirando de intensidad (y de las paradas de Rangel, muy buen fichaje de invierno) se puso a comandar el marcador, con rentas escasas pero suficientes como para que el equipo local remara siempre a contracorriente.

Con un Palacio de los Deportes enfadado por las decisiones arbitrales, los de Jota González se mantuvieron en partido gracias a una nueva actuación estelar de Jakub Krupa, que abortó una decena de intentos vascos.

De a poco, el equipo franjivino se fue metiendo en el encuentro. Tras el ecuador de esa primera parte, Montoro, en una doble acción, puso al frente a los riojanos (el segundo tanto, una vaselina preciosa), además de provocar un penalti para que Muñoz -continuó con su eficaz puntería- estableciera el 11-9. A partir de ese momento el partido fue franjivino. Hasta 15-10 se fueron los locales, obligando a Jacobo Cuétara a solicitar dos tiempos muertos en menos de dos minutos. Sin embargo, las cosas cambiarían.

Porque en el último minuto de esa primera parte, todo lo bueno cosechado en los últimos diez minutos estuvo a punto de irse al traste. Después de ponerse 15-10, Kusan frenó a Salinas, que bajó su centro de gravedad para que el pivote le diera en el cuello, por lo que se tuvo que marcharse excluido. Nonó descontó y el Ciudad de Logroño, en vez de esperar a pedir un tiempo muerto y atacar con tranquilidad, se precipitó. Imanol Garciandia tiró forzado, Rangel le paró ese lanzamiento y el que le cayó a Montoro en el rebote. En la contra, Nonó dejó las cosas 15-13 y el partido, que parecía sentenciado, muy abierto.

Esas malas sensaciones continuaron en los primeros compases de la segunda parte, cosa que aprovechó el Bidasoa para ponerse por arriba (17-19). El partido se había puesto nuevamente cuesta arriba. Tocaba volver a vestir el mono de trabajo y luchar contra las circunstancias.

Montoro equilibró las cosas cinco minutos después y Ángel Fernández, culminando una fluida circulación del balón, puso al frente a los riojanos (21-20). A partir de entonces hubo intercambios de goles y de errores hasta que apareció Gurutz Aginagalde para abortar dos balones seguidos y permitir que el Logroño se pusiera 26-23 a falta de ocho minutos.

Fue entonces cuando el bloque franjivino, por sus errores propios, le sirvió el empate al Bidasoa en una bandeja de plata. Una igualada que no gustó a nadie en el Palacio (salvo al centenar de hinchas visitantes) pero que le deja quinto en la clasificación, literalmente en puestos europeos.

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