Anónimos, pero héroes

Fuerteflojo

El autor recuerda y valora los campeonatos nacionales de selecciones autonómicas

Eloy Madorrán
ELOY MADORRÁNLogroño

Las selecciones riojanas de balonmano han regresado a casa tras disputar el Campeonato de España en Galicia. Más allá de los resultados, que además han sido buenos, este tipo de convivencias suponen una experiencia personal impagable para todos y cada uno de los chicos y chicas que participan. Las horas de autobús, las confidencias nocturnas en la habitación, los calentamientos antes de los partidos, las comidas, conocer a participantes de otras regiones... Cada minuto vivido va a quedar grabado siempre en su cabeza.

Yo tuve la suerte de conocer ciudades como Murcia y Granada gracias a este tipo de campeonatos. Y son recuerdos imborrables. Al repasar los resultados de las selecciones riojanas estos días he vuelto a revivir aquellas experiencias y recuperar en mi cabeza imágenes que creía perdidas: El gran torneo de Pedro Mari en Murcia y cómo devorábamos el periódico que se editaba todos los días sobre el campeonato, aquel equipo con David, Carlos, Fernando y tantos otros que nos divertimos de lo lindo. O los paseos matinales por la Alhambra, en Granada, uniformados con la equipación de La Rioja en nuestro último Campeonato de España.

Y mientras hacía repaso de todas esas experiencias he reconocido a unas personas especiales, “culpables” de que tantas y tantas generaciones de balonmaneros disfruten de estos torneos. Son los entrenadores de base. Esa gente que hace hueco en su apretado día a día para, en la mayoría de los casos de manera desinteresada, restar una hora larga al tiempo con su familia y entrenar a un grupo de chicos y chicas. Son miles y están repartidos por toda España. Trabajan con rigor y seriedad, cada año mejor preparados, y se exigen ellos mismos como cualquier técnico de Asobal. Su labor pasa desapercibida, incluso en muchos ocasiones es torpeada por ese peligro latente en el deporte base que somos los padres. Y aún así, los entrenadores de base siguen aplicándose con seriedad.

Ellos no lo saben, pero son héroes. Anónimos, pero héroes. Y en estos tiempos que corren donde se recompensa lo superficial y nadie hace nada por nada, es de justicia reconocer el trabajo de los entrenadores de base.

Líbrame de los que cuentan cincuenta veces lo que han hecho en una ocasión y dame gente que cada cincuenta entrenamientos tenga algo de protagonismo. Dame héroes. Anónimos, pero héroes. Y sobre todo, dame balonmano.

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