La Rioja

La depresión del Naturhouse no encuentra alivio

Abel Serdio encuentra
hueco en los seis metros 
y marca uno de sus ocho
goles. :: Ricardo Otazo /n.c.
Abel Serdio encuentra hueco en los seis metros y marca uno de sus ocho goles. :: Ricardo Otazo /n.c.
  • El Atlético Valladolid ahonda en la herida franjivina dejando sus vergüenzas al descubierto

La depresión del Naturhouse parece no tener fin. El conjunto franjivino emula a un enfermo terminal que deambula sin rumbo fijo esperando que por fin se le dé la puntilla. No esconde -o es incapaz de hacerlo- sus vergüenzas al mundo. El CB Ciudad de Logroño, el mismo que derrotó al Montpellier francés unos meses atrás y que le jugó de igual a igual al Barcelona en el Palau Blaugrana, parece un equipo sin alma, desolado, irreconocible a los ojos de sus aficionados (ayer algunos de ellos se desplazaron al Huerta de Rey). Un bloque, el riojano, que a la mínima se desarma como un azucarillo, que muestra sus penurias sin tapujos, que evidencia una endeblez que antes no existía o disimulaba.

Este Naturhouse, al que la temporada se le está haciendo eternamente tediosa, cayó nuevamente ayer en Valladolid, ante un Recoletos que le dejó en evidencia. Que le mareó y que le trató como un juguete roto en una segunda parte para olvidar. Y ante eso, el equipo dirigido por Jota González, que cambió su estrategia dando minutos a todos los efectivos, no tuvo capacidad de reacción, no supo defender a un rival que manejó los tiempos del partido, que supo meter el dedo en la herida y hurgar hasta volver a brotar sangre. Un buen Atlético Valladolid que con el triunfo de ayer salva matemáticamente su permanencia.

Y eso que comenzó bien el Naturhouse. Muy atento a los cortes, la defensa se hizo con tres balones en los primeros minutos que permitieron a los franjivino colocarse 0-3 al minuto 2 de encuentro, lo que obligó a Nacho González a solicitar su primer tiempo muerto. Pero fue un espejismo. Todo el ímpetu murió allí. El Atlético Valladolid, gracias a la zurda de Rubén Río, empató las cosas unos minutos después y a partir de entonces el choque se transformó en un toma y daca.

Los pucelanos se asentaron en la pista, controlaron los tiempos de la defensa riojana y empezaron a hacer realmente daño. Porque marearon a la retaguardia visitante, que cuando salía al encuentro de los lanzadores conectaban con un eficaz Abel Serdio en los seis metros. Y el Atlético de Valladolid no hizo más daño porque se cruzó con un Gurutz Aginagalde (más del 40 por ciento de eficacia en la primera parte) en un gran nivel.

En el ataque posicional, Víctor Vigo empezó a mostrar el cansancio acumulado de una campaña que ha jugado prácticamente en solitario por la lesión de Pablo Cacheda y a diferencia de otras ocasiones, Jota González decidió optar por Lazar Kukic en el centro, acompañado por un Langaro intermitente, que alternó buenos momentos con lagunas que ocasionaron pérdidas de balones, y de Ángel Montoro. El juego no lució tanto, entonces, pero los visitantes se mantuvieron en el partido y frenaron un poco la vehemencia local (13-13 al descanso).

Y al igual que en el encuentro anterior frente a Puente Genil, y al que jugó antes en Benidorm, pasados los diez minutos de la segunda parte entró en barrena. El bloque franjivino se fue completamente del partido. Apagó el interruptor defensivo y se abrió a merced de un Dani Dujshebaev implacable. Una retaguardia que nunca supo sujetar al pivote Abel Serdio en los seis metros. Pero las penas no se limitaron a los aspectos defensivos. Las pérdidas de balones se sucedieron una y otra vez, los lanzamientos de Langaro que antes iban dentro empezaron a encontrar las maderas o a Javi Díaz (el brasileño falló sus últimos seis tiros), que fue uno de los pilares del equipo pucelano.

Una sangría que no pudo contener Jota González en los dos tiempos muertos que solicitó. El equipo que luchó contra el Nantes por jugar entre los dieciseis mejores clubes del mundo dejaba al descubierto sus debilidades, su falta de reacción y su fragilidad. Un equipo sin alma que es la antítesis de lo que reflejaba hace apenas unos meses.

Cuando el aficionado creyó que con la derrota en casa ante el Puente Genil se había tocado fondo, se equivocó. El Naturhouse demostró ayer que continúa envuelto en una dinámica negativa que parece no tener fin. Los de Jota González, que también es responsable del presente del equipo por no ser capaz de transmitir su mensaje, continúan atrapados en una espiral de desastres en el peor momento de su historia.

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