La Rioja

FIEBRE EN LAS GAUNAS

Los cimientos torcidos

Kukic, durante el partido del Naturhouse en Nantes. :: efe
Kukic, durante el partido del Naturhouse en Nantes. :: efe

La Liga de Campeones se ha acabado para el Naturhouse en el punto previsible. Todo normal. Después de cuatro cursos en la máxima competición y otras tres participaciones en la Copa EHF, casi una rutina. El CB Ciudad de Logroño ha hecho de los maratonianos viajes por Europa una seña de identidad.

Pero Nantes, una vez oídas las llamadas al realismo de la directiva y el cuadro técnico franjivino, puede ser la última parada de un largo recorrido que se teme que acabe en final abrupto. Un frenazo para el equipo, pero también para el actual deporte riojano, que ha dependido de un mismo patrocinador, Félix Revuelta y su empresa puntera, para colocar al balonmano y al voleibol regional en el panorama internacional.

Si no urge una intervención decidida, en forma de apuesta sorprendente de una gran empresa o patrocinador, el CB Ciudad de Logroño pasará a ser un equipo que peleará por otros objetivos. Y eso, en La Rioja, resulta tan complicado como una aparición mariana. Así, para la historia quedarán los emocionantes duelos continentales y algunos nombres impronunciables como el Chekhovskie Medvedi, bastante más glamouroso que el de El Pulpo de Zumaya pero que se guardan en el mismo libro de recuerdos del club franjivino.

Estamos acostumbrados a que en el deporte riojano casi cualquier tiempo pasado fue mejor. Miramos al futuro con confianza mientras despreciamos el presente como si se tratase de un mero trámite. Sin embargo, el día a día forma los cimientos del mañana. Y los errores del hoy se convierten en los fallos de obra del incierto futuro. Así se murió el Club Deportivo (bueno, y también por todos los irresponsables que le llevaron a la UVI) y aún el fútbol riojano no ha levantado cabeza.

Si el Naturhouse acaba perdiendo gas, con la habitualmente poco fiel afición riojana, siempre propensa a la estampida y a la televisión, el balonmano corre un grave riesgo de hacerse pequeño. Sólo un puñado de fieles continuará en el Palacio y la masa buscará otra distracción, otro reto, otro horizonte u otro equipo con aspiraciones repentinas. Hasta que se desgaste y se rompa como un juguete viejo. Y, visto el panorama, en La Rioja es mejor estirar el hoy. Que el mañana siempre puede ser peor.