La Rioja

NATURHOUSE-ADEMAR / LIGA ASOBAL

Un torpedo a la línea de flotación franjivina

Migallón, Langaro, Sanad y Luisfe se marchan cabizbajos. :: J. Marín
Migallón, Langaro, Sanad y Luisfe se marchan cabizbajos. :: J. Marín
  • Un Ademar efectivo derrota en el Palacio a un Naturhouse flojo en defensa y le arrebata la segunda plaza de la Liga Asobal

Una caída dolorosa. De esas que dejan huella. El Naturhouse perdió anoche ante el Ademar con justicia y entregó la segunda plaza de la Liga. Los riojanos fallaron demasiado, cometieron muchos errores defensivos, no supieron calmar las ansias contra las decisiones de unos árbitros demasiados celosos con el reglamento (sobre todo en el área local) y se marcharon del Palacio de los Deportes con una dolorosa derrota, que escuece y que puede hacer tambalearse a un equipo. Y es que los leoneses dispararon, con suma puntería, a la misma línea de flotación del conjunto franjivino, que mañana a primera hora se pone rumbo a Eslovaquia a cumplir el trámite europeo ante el Tatran Presov. El único aspecto positivo que dejó una noche opaca es que queda mucho margen de mejora.

El Naturhouse perdió su esencia desde el inicio del choque. Porque no comenzó fino el cuadro riojano. Para colmo de males, Rubén Garabaya, que llegó al encuentro entre algodones, se marchó a la enfermería con el médico del club. El asturiano no volvería a jugar por sus problemas de espalda. Y su ausencia la sintió el equipo, que funcionó a trompicones y a remolque de un Ademar que tenía muy clara su función en Logroño.

Así, con una defensa liderada por Iñaki Peciña, Carlos Molina y Miguel Sánchez-Migallón, el Naturhouse no carburó atrás como es habitual. Frente a los franjivino, el internacional Álex Costoya se encargó de evidenciar la ausencia del pivote avilesino martillando la portería defendida por Richard Kappelin desde su lateral y el centro del ataque ademarista. A partir de entonces, los de Rafa Guijosa buscar atacar por esa zona ante una defensa que no salía a la primera línea.

En la otra portería, los riojanos se toparon con un Vladimir Cupara irregular, pero que detuvo balones psicológicamente importantes -los dos primeros, por ejemplo-. El ataque pareció atascado. El bloque franjivino dependió demasiado de un Haniel Langaro intermitente, y cuando se dedicó a jugar a lo suyo, a buscar superioridades por el extremo, se empezó a gustar y a reconocer. Pero esa buena sintonía no perduraba en los ataques consecutivos y los ataques caían en la trampa de los defensores visitantes, que juegan a destruir (ADN ademarista al cien por cien) y que sacaron de quicio a los franjivino. El CB Ciudad de Logroño jugaba incómodo, con un Víctor Vigo muy lejos de su nivel. Y cuando Vigo no está, el equipo se descompone.

El equipo leonés, por contra, ganó en confianza. Bajo los mandos del internacional argentino Sebastián Simonet, el Ademar jugaba hasta el borde del pasivo, buscando la mejor opción para el lanzamiento de Costoya, que fue un dolor de cabeza en la primera parte, y el zurdo Fede Vieyra.

Para ese entonces, los árbitros ya habían sacado de partido a varios jugadores franjivino como Haniel Langaro, que perdió los nervios en distintas ocasiones. No fue el mejor encuentro de la dupla formada por Ion Bustamante y Javier Álvarez Mata. No utilizaron la misma vara de medir en un área y otra y eso hizo exasperar al equipo, al cuerpo técnico y al público, que empezó a empujar al equipo ante esa situación. Pero el bloque, en vez de aprovechar ese subidón, continuó con las protestas y se fue, por momentos, del encuentro. Por suerte, al descanso la diferencia fue de tan solo tres goles (12-15) que se podían remontar si el Naturhouse encontraba su juego y cerraba la defensa.

Reacción tardía

La reacción tardó en llegar. Quizá demasiado porque en los primeros compases de la segunda mitad el Ademar hurgó en la herida local, ampliando su ventaja, manteniendo la tensión defensiva, ahogando las ideas de Víctor Vigo y compañía, perforando una y otra vez la defensa franjivina ante una portería que no aportó demasiado al equipo.

Pero pese a no encontrar su nivel de juego, el Palacio fue empujando al equipo, que ya jugaba sin portero en las acciones ofensivas y que en defensa atascó por momentos a los visitantes con una defensa 5-1. Con más pundonor que buen juego, el equipo de Jota González se metió en el encuentro en el ecuador de la segunda parte (20-21) y a partir de ahí todo quedó equilibrado. Podía ganar cualquiera. El Ademar se sintió tocado y el Naturhouse se creció. Pero no era la noche de los franjivino, que acabaron muriendo en la orilla.

La puntilla la dio, a cinco minutos del final, el portero Nacho Biosca, que detuvo un penalti a Ángel Fernández, hasta ese momento implacable, y el lanzamiento posterior del extremo izquierdo en el rebote. Para rematar una faena para el olvido, el cántabro acabó en la enfermería con un fuerte golpe en las costillas que hace peligrar su viaje a Presov. Ahora le toca reaccionar al equipo riojano, que después del trámite europeo debe viajar a enfrentarse al Barcelona. Tal y como hizo en septiembre, cuando empezó la Liga. Nada está perdido y sólo queda pensar en la necesaria mejoría.

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