La Rioja

El desquite tras la ausencia de los Juegos Olímpicos de Río

Con el reto de recuperar un lugar en el podio, al que España subió en el Mundial de balonmano de 2011 (medalla de bronce) y en el de 2013 (oro), para perderlo con su cuarto puesto en la última edición de 2015, y el sueño de la conquista de Francia. Así afronta la selección la cita que se inaugura hoy y en la que el equipo nacional se estrenará mañana, en un campeonato que representa para los Hispanos el desquite de su dolorosa ausencia en los Juegos de Río.

El Mundial supone para España la oportunidad de tomarse la revancha olímpica y certificar su presencia en la élite, tras la plata europea conquistada el pasado año, con un equipo sometido a un obligado relevo generacional que presume de ambición y de espíritu de grupo por encima de individualidades. También con un relevo en el banquillo, ahora con Jordi Ribera al frente de una selección que se presenta en Francia reforzada anímicamente y con máximas aspiraciones.

Presente en las semifinales de los tres últimos Mundiales y Europeos, España siempre garantiza compromiso y entrega e inicia un nuevo ciclo con el objetivo «de estar entre los mejores desde la humildad y el sacrificio», como reconoció ayer el capitán, Raúl Entrerríos. «Tenemos que estar lo más arriba posible, con humildad», coincidió en señalar el seleccionador nacional, obligado a viajar a Francia con 17 jugadores, uno más de los que se pueden inscribir por las dudas sobre el estado físico del propio Raúl Entrerríos.

En un «grupo exigente», como lo califica Jordi Ribera, España debutará mañana (20:45 h. Teledeporte) contra un rival directo, Islandia, para enfrentarse posteriormente a Túnez, Angola, Macedonia y Eslovenia.