La Rioja

LIGA DE CAMPEONES

EL NATURHOUSE ENCANDILA A EUROPA

Los jugadores del Naturhouse se abrazan después de consumar el triunfo frente al Montpellier. :: Juan Marín
Los jugadores del Naturhouse se abrazan después de consumar el triunfo frente al Montpellier. :: Juan Marín
  • El Naturhouse gana con orgullo y casta al Montpellier y se hace fuerte en el Grupo C

Al Naturhouse le gusta Europa. Se siente cómodo entre equipos que le cuadruplican el presupuesto. Es lo suyo. Lo irreverente, lo heroico, lo bestial. El CB Ciudad de Logroño se crece en su pista. Es su pabellón. Aquí, en Logroño, sólo han ganado cuatro equipos. Y de los grandes. Esto es Logroño, esto es La Rioja, territorio franjivino. Anoche, el Montpellier regresó a la zona del Languedoc-Rosellón con una derrota. Dura para los franceses. Pero justa. Por lo que el equipo riojano mostró en la pista, por el pundonor, por las ganas de llevarse un triunfo muy necesitado. Como en 1521 ante el general Asparrot.

El CB Ciudad de Logroño ganó, ajustadamente, es cierto, pero es un triunfo que vale oro. Quizá hasta una clasificación para jugar la siguiente fase, aunque queda un mundo por delante. Pero se trata de una victoria de oro ante un auténtico equipazo, que tiene nada menos que 7,2 millones de presupuesto.

De esos números se ocupan poco los franjivino. O mucho. El tema es que el equipo riojano salió a la pista del Palacio de los Deportes dispuesto a comerse a su rival, un bloque plagado de internacionales franceses y eslovenos. Los mismos que llevan ganando todos los mundiales y europeos desde hace casi un lustro.

Pero los de Jota González salieron centrados, dispuestos a abortar cada acometida ofensiva gala. Rubén Garabaya, que vive una segunda (o tercera) juventud, comandó una defensa extraordinaria, que anuló a los jugones del Montpellier como Vid Kavticnik, un central zurdo que se topó con el 6-0 frajivino. Y en ataque, siempre bien comandados por un Víctor Vigo radiante, el Naturhouse supo mover el balón, marear a la retaguardia gala, y matar cada jugada con brazos como los de Haniel Langaro y Mohammad Sanad, que ayer encandiló al Palacio de los Deportes con su sangre fría desde el extremo. Pólvora que llega desde Egipto.

También es cierto que el Naturhouse no jugó sólo. En todo momento estuvo arropado por su público. Seguro de sí mismo, con soltura, duro en defensa, sueltos en ataque, el equipo franjivino tuvo el control de esos primeros treinta minutos. La defensa estuvo siempre amparada por un gran Gurutz Aginagalde -nueve paradas en esa primera parte-, aunque su rendimiento bajó en los segundo treinta minutos. No importó. Hay equipo. A la pista salió Richard Kappelin que, con menos acierto que su compañero, detuvo algunos balones claves para frenar las arremetidas francesas.

El CB Ciudad de Logroño no pudo mantener su intensidad todo el encuentro. Era imposible. En algún momento tenía que flaquear. Fue cuando el Montpellier aprovechó dos pérdidas logroñesas para materializarlas en contraataques y colocarse dos goles arriba. Pero duró muy poco la pájara riojana. El Naturhouse volvió a activarse, se encendió la luz verde. Garabaya volvió a cerrar las puertas de la retaguardia local, Haniel Langaro y Sanad siguieron ensanchando su casillero y el equipo franjivino, a falta de cinco minutos, volvió a comandar el encuentro por una diferencia de dos goles.

El Montpellier se sintió herido en su orgullo. Trató de buscar achicar las diferencias, pero se encontró con un muro. Una pared de color franjivina que se hizo cada vez más fuerte a medida que los segundos pasaban. Kappelin se hizo con un lanzamiento de Grebille, que paró con la cadera, y el palacio rugió. Quedaban dos minutos y el Naturhouse ganaba por... dos goles, porque Luisfe Jiménez, que recuerda al de antaño, martilló su último tanto, el que daba una victoria impresionante a un Naturhouse con hambre de Champions.