LIGA LEB ORO

El Clavijo rompe con su pasado

Erik Quintela festeja en la pista el triunfo del Clavijo sobre el Tau Castelló. Una victoria en la que pocos creían. :: jonathan harreros./
Erik Quintela festeja en la pista el triunfo del Clavijo sobre el Tau Castelló. Una victoria en la que pocos creían. :: jonathan harreros.

Los logroñeses sufren con solo siete hombres para ganar y volver a la vida

M.G.

logroño. El Clavijo hizo lo que debía: ganar. No depende de sí mismo para salvarse, pero ayer dio un paso muy importante al superar al Tau Castelló por cuatro puntos (78-74), sexto en la tabla. Quedan nueve partidos y entre ellos será muy importante superar a rivales directos por la permanencia, pero esa será otra historia. El Clavijo disfruta de un triunfo que no vivía en el Palacio desde los últimos días de diciembre, cuando superó al Sammic, que marca la línea de la permanencia.

Lo difícil no es pelear, sino mantenerse en la pelea hasta el final. El Clavijo, acostumbrado a caerse en un momento determinado de cada encuentro, aguantó la batalla completa con solo siete hombres. Carlos Martínez no se vistió; Gutenius y Balamou, sí, pero vieron todo el partido desde el banquillo. Y para colmó de males, Phillip se lesionó al inicio del segundo cuarto.

«En estos momentos en los que lo primordial es ganar, hay que focalizar los que juegan y estar más controlados. No me gusta focalizar, pero es el momento de ganar y dar un paso adelante». Sentencia de Jenaro Díaz, que en su rueda de prensa aludió a palabras como «actitud» o «equipo». Algo ha pasado en ese vestuario. Lo importante ya no es que sus chicos se lo pasen bien, sino que ganan, que salven la categoría, que es de lo que se trata. Algo ha cambiado.

El Clavijo sufrió ayer una metamorfosis: lo único importante era ganar, nada más

El triunfo del Clavijo fue agónico y actualizó una máxima de este deporte: los tiros libres no se desperdician porque ganan partidos. Y más en los últimos segundos. Da igual lo que hayas hecho hasta ese momento. No importa. Coggins acumulaba un pobre 3/10 en lanzamientos, pero apareció a falta de dos minutos para enchufar su único triple y, sobre todo, para cerrar el partido con dos tiros libres convertidos. Aciertos que dieron continuidad a los dos de Moto y uno de Quintela. Justo antes de ese instante, a falta de 56 segundos, el Tau se había puesto por delante con un palmeo de Sabonis (73-74). Ott se fue a la línea de tiros, pero erró los dos. Curioso. Uno falló y los otros acertaron. Uno perdió y otro ganó. Así de sencillo, así de complicado.

¿Y que pasó en los 38 minutos previos? De todo. El Clavijo echó mano de Evan Yates desde su inicio. Diez puntos en el primer cuarto, 21 en total. Es su jefe en la pista y seguramente fuera de ella, porque cuando estuvo en el banquillo se vistió con la piel de un técnico más. Actitud. El norteamericano sumaba puntos desde todas las distancias, el triple incluido. El Tau buscaba a sus hombres altos y posiciones bajo el aro. Los 212 centímetros de Rowley le abrían camino. El partido se movía a trompicones. Ventajas castellonenses, revolcones locales y reacciones visitantes. Hasta seis cambios de mandatario en el marcador en ese primer periodo que concluyó con una mínima ventaja local, 18-17, renta que se mantuvo durante el segundo cuarto después de firmar un 16-16 para irse al descanso con 34-33.

La buena noticia era que el Clavijo seguía en la pelea, no había caído, y sumaba guerreros como Bravo, Phillip o Moto. Sin embargo, el tercer periodo rescató viejos fantasmas. Otra vez no. Ese parcial de 18-24 generó dudas. 53-57. La misma historia de siempre, pero el Clavijo ayer quería romper con su pasado. Siete quedaban sobre la pista. Los siete magníficos. Adquirió diferentes ventajas el Tau, incluso una de ellas de cinco puntos (63-68), pero ayer no había que reír, sino sufrir. Ganar. Punto. Dos triples consecutivos de Cabot y Coggins cambiaron el marcador: de 67-69 a 73-69. El triunfo era posible. Luego llegaría un triple de Ott y el palmeo de Sabonis. Miedo, pero efímero. Quedaba lo mejor, ese esprint de 4,6 metros que daba la vida al Clavijo. «A los que jugaron hasta el final, enhorabuena», como dijo Norman Dale, entrenador de Hickory en ese baloncesto de película que responde al título de 'Hoosiers, más que ídolos'. Actitud.

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