La Rioja

Nicole Romeo intenta la penetración ante Givens. :: díaz uriel
Nicole Romeo intenta la penetración ante Givens. :: díaz uriel

El Avenida juega con el Promete

  • Las riojanas pelearon durante 30 minutos pero las salmantinas rompieron el choque en el último parcial

  • Tres triples consecutivos de Milovanovic fulminaron las esperanzas de las de Andreu Bou y sellaron la superioridad de las charras

Logroño. A los depredadores, cuando tienen la caza asegurada, les gusta jugar con sus víctimas. Les asedian, les dejan una ventanita de esperanza abierta para la huida y, cuando éstas se ilusionan, sacan las garras y las despedazan. La rutina de los asesinos. Y el Perfumerías Avenida es eso, un depredador, un animal de colmillos puntiagudos y hambre voraz.

Ayer, permitió al Campus Promete soñar con la gesta, pelear abiertamente contra ellas durante unos minutos y, cuando tuvo a bien, sacó el pan, puso el mantel y se las merendó. Para cuando las locales se dieron cuenta de que iban a ser engullidas, ya no les quedaban fuerzas, las habían gastado todas en los escarceos preliminares.

Porque, aunque dominaron durante casi todo el encuentro, las de Andreu Bou estuvieron metidas en el partido casi 30 minutos, siempre a remolque pero sin que el marcador se llegase a romper. La última vez que las locales tuvieron a la vista a sus rivales fue con el 50-57, casi al final del tercer cuarto.

Pero los grandes equipos no necesitan de constancia o de intensidad. Controlan el juego y, cuando sufren, siempre guardan una bala en la recámara o un jugador en el banquillo para revertir las situaciones peligrosas. Derrotar a un conjunto diseñado para ganar títulos exige una concentración total y un acierto superior. El Campus Promete no disfrutó ayer de esas cualidades. Se esforzó (mucho) y trabajó pero sus minutos de dudas se convirtieron en su tumba.

Con la artillería

Cuando el Perfumerías Avenida se sintió incómodo, con el marcador ajustado, sacó la artillería, frenó los ataques del Promete y se lanzó a por la victoria. Contar con un potente juego interior y una galería de tiradoras de nivel ayuda a lograrlo. Salieron dispuestas a arrasar (2-8) y se fueron al descanso del primer parcial con esa ventaja (14-20) pero dejando la sensación de poderío. Fue en el segundo parcial cuando las riojanas sacaron casta y hasta lograron ponerse por encima en el marcador (25-24, m. 15) con un triple de María España, pero el arreón duró apenas unos minutos.

Las salmantinas se aprovechan de cualquier error y abren brechas, lo que ocurrió justo antes del descanso, cuando Wheeler, una base con muchos puntos en las manos, que con un triple puso el 34-45 antes de llegar al descanso.

El equipo de Andreu Bou salió convencido de que podía seguir peleando de tú a tú con su rival y con un triple de Estebas, un par de buenas defensas y una canasta de Parks colocaron el 50-57.

En ese momento, el depredador se afiló las garras. Silvia Domínguez y, nada más comenzar el último cuarto, tres triples consecutivos de Milovanovic acabaron con las esperanzas del voluntarioso Promete (52-70, m. 34). Demasiadas facilidades para una jugadora que entró en racha tarde, pero que firmó 11 puntos en el último parcial.

Quedaba aún mucho tiempo para tratar de enmendar la plana, pero el Perfumerías Avenida no dio facilidades. Además, el mazazo deshizo a las riojanas. Romeo ya no se sentía cómoda, Begic sumaba minutos en el campo pero nada más, y Bou no encontraba la tecla para abrir la defensa de las salmantinas.

Knight se fajó en la zona y Parks sumó un triple. También apareció Laura Herrera, brillante durante toda la campaña pero ayer irreconocible, pero no fue suficiente porque el Avenida ya se había desperezado.

Ni tan siquiera fue necesario dar descanso a Wheeler, porque el encuentro ya era un plácido pasatiempo para las charras. Finalmente, el 61-79 dejó claras las diferencias entre ambos equipos.

El Promete llegó a Lobete dispuesto a soñar y se topó con la dura realidad de un equipo llamado a las cotas más altas en Liga y Euroliga y que ayer no se podía permitir perder el pulso que mantiene con un intratable Girona.