La Rioja

Popadic y Norris intentan cerrar a Chema García.
Popadic y Norris intentan cerrar a Chema García. / MEDITERRÁNEO

El Robusta, en el callejón del Gato

  • El Tau Castellón vence a los riojanos por su mayor solidez y deja a los de Antonio Pérez colistas tras cuatro derrotas

En el Madrid de la bohemia, uno de los divertimentos de los noctámbulos era acudir al callejón del Gato para ver sus figuras deformadas por los espejos cóncavos y convexos. En un paso, se pasaba del cuerpo estilizado y longilíneo a otro chato y fondón. Un solo paso. Pero era una cuestión de ciencia y óptica. Ojalá fuera tan sencillo explicar y solucionar lo que le ocurre al Calzados Robusta, que un sólo instante se transmuta de crisálida a mariposa para volver a un estado de gusano irreconocible. Hermoso u horrible. Sin término medio.

Ayer, en Castellón, los de Antonio Pérez necesitaban una victoria para enmendar un mal inicio liguero ante un rival fuerte y en el que sigue brillando Borja Arévalo, que ayer no estuvo acertado en el tiro pero que se mostró soberbio en el rebote (11, con seis de ellos ofensivos). Y parecía que podían conseguirlo, porque salieron desenvueltos y elegantes, como esos chulapos con el clavel en el ojal. Descarados y avasalladores. «¿Me concede usted este baile?. Y vaya que si bailaron a los locales en ese primer cuarto.

Galarreta y Gerun sembraron para que Garrido, desde el exterior, cosechara con un par de triples para poner el 8-21. Todo fluía en ese arreón, con juego dinámico, mucha verticalidad y riesgos tomados con acierto. El Tau Castellón se aferraba al partido con la casta de Uclés, pero con poco más. Porque la superioridad en la zona era de Gerun y en el exterior, de los tiradores riojanos. Pero llegó una mancha, un triple para cerrar el primer cuarto (19-26) que se convirtió en un borrón con tres lanzamientos exteriores consecutivos. Un parcial de 13-0 devolvía con un sopapo a la realidad al Robusta. No funcionaba el equipo, comenzaban los atascos y los errores en la zona, con Maodo imponiéndose una y otra vez a los postes riojanos. Galarreta, con un triple, sostenía el invento, pero el equipo ya se veía deformado en el espejo.

Al descanso, con Durán aupado por los rebotes de Arévalo, los locales se marchaban diez puntos por encima. La caída de la montaña rusa era brutal.

Pero Antonio Pérez logró frenarla, al menos al inicio, en el tercer cuarto. Bonifant y Popadic tomaron el relevo, pero parece que cuando una conexión funciona en el Clavijo otra se tiene que apagar. Si hay buen lanzamiento exterior, se acaba el juego en la pintura. Si los aleros dominan, los bases escurren el bulto. Así, sin juego coral, se pudieron aliviar las heridas, pero fue un bálsamo insuficiente.

El Tau Castellón sí supo cómo buscar las cosquillas a los riojanos con Maodo y Cooper y se fue al final del tercer parcial con un 65-51 a favor y la sensación de que tenía todo hecho, en unos minutos desquiciantes para la rigurosa actuación arbitral, mala para ambas escuadras.

Reacción sin premio

Al Calzados Robusta le restaban diez minutos para enmendar sus errores y Gerun se lanzó a tumba abierta a anotar. Seis puntos consecutivos en dos minutos que le costaron irse al blanquillo ante su sorpresa. Entró Tunde y la diferencia se disparó a 16 puntos (73-65) pero el Clavijo reculó. Se acordó de lo bien que le sentaba ese traje de soberbia y descaro y Bravo comenzó a vestir al equipo desde la línea de tres. Casi a lo loco, machacando la zona rival y asfixiando la creación, con contundencia y brío, los riojanos vieron su racha interrumpida por un triple de Sergio Rodríguez. Pero no cejaron en el empeño. Apareció Bravo, de nuevo, y puso el marcador en un pañuelo (80-76). Pero esperar más premio era demasiado.

Arévalo volvió a aparecer, con sus rebotes, y firmó el postrero tiro libre. El Calzados Robusta había soñado hasta el final, pero a tirones, sin continuidad. De lo apolíneo a lo aberrante. Como en el callejón del Gato. O como en el psiquiátrico. Pero esa esquizofrenia no es soportable.

Ya son cuatro las derrotas y lo peor es pensar que el equipo puede jugar muy bien, pero también fatal. Ojalá sólo fuera una cuestión de óptica.