Puñetazo en la mesa de un atleta que lo apostó todo a sus piernas

C. ÁLVAREZ LOGROÑO

El año pasado, Camilo Santiago se la jugó a todo o nada. Abandonó su trabajo y pese a superar ampliamente la treintena de años, apostó por el atletismo. La decisión fue valiente e incluso imprudente, según quién juzgue, pero ahora Camilo empieza a ver el resultado: «Yo creo que fue una decisión valiente y basada en una confianza plena en mis posibilidades. Sabía que si me quitaba la carga laboral podía progresar mucho más y más rápido, y ahora empiezo a ver que tenía razón. Ilusión y ganas no me iban a faltar, pero ahora sé que puedo seguir progresando».

En esa progresión, su mayor hándicap es la edad: «Ahora tengo 34 años, pero esa edad no se corresponde con mi edad atlética. Hace cinco años, yo no sabía nada de lo que iba esto. Soy un recién llegado al atletismo y mi cuerpo, por eso, no está castigado. Los entendidos me dicen que me pueden quedar tres años al máximo, así que yo voy a tratar de aprovecharlos, y debutar como internacional sería una experiencia increíble».

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