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La espalda mágica

Martín López-Zubero, tras conquistar el título olímpico de 200 metros espalda en Barcelona'92.

El yanqui Martín López-Zubero logró el primer oro olímpico de la natación española y provocó una explosión de júbilo en las Picornell

Ignacio Tylko
IGNACIO TYLKOMadrid

«Sólo hay un secreto para triunfar: entrenarse mucho, tener talento, sacrificio y paciencia». Palabra de Martín López-Zubero, el mejor nadador nacional de todos los tiempos y el único, en categoría masculina, con una presea de oro olímpica en una mochila plagada de trofeos. La consiguió en los 200 espalda de los Juegos de Barcelona, una cita que vivió como un sueño, pero con una gran responsabilidad y una presión enorme porque «perder no era una opción». Proclamó decenas de veces su españolidad, pero siempre se dudó de ella porque nació en Estados Unidos, se entrenó y modeló allí, y jamás se expresó en un castellano fluido. El yanqui siempre compitió con España, país con el ganó, además, dos Mundiales y cinco Europeos, el último en la cita de su despedida en Sevilla'97, una plata y un bronce mundialistas y dos platas continentales.

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Martín llevó a gala aquello de que «cuanto más trabajo y sudo, más suerte tengo», una máxima que le inculcó José Luis, un médico aragonés que decidió irse a hacer las américas, casarse allí y montar una clínica oftalmológica. Un doctor convencido de que la práctica del deporte les abriría a sus hijos otros horizontes, aunque la tradición nadadora de la saga surgió casi por casualidad, cuando el hermano mayor se fracturó un brazo y tuvo que hacer rehabilitación en la piscina. Precisamente, David mostró el camino al colgarse el bronce en los 100 mariposa de Moscú'80 y ser el primer medallista español en natación de la historia. Y Julia también fue olímpica y campeona de España.

Emotivo, cariñoso y arriesgado como su padre, pero a la vez frío y controlador como su madre americana, Martín sufrió para hacer carrera en la pileta. De joven no tenía fuerza suficiente para competir a un alto nivel. Incluso su entrenador en la escuela de Jacksonville le apartó de una prueba de relevos para introducir a un chaval que jugaba al baloncesto y era más fuerte que él. Martín se planteó dejar el deporte pero su entrenador le puso a trabajar aún más fuerte para entrar en el relevo al año siguiente. Esa anécdota supuso un antes y un después para él.

Participó en cinco pruebas olímpicas en Barcelona. Comenzó despistado porque no se enteró de un cambio de programa en los 100 metros mariposa. Llegó con los rivales ya preparados y aun así batió el récord de España y se metió en la final para ser séptimo. Ganó la final B de 200 estilos, formó parte del relevo 4x100 estilos y logró el diploma olímpico en los 100 espalda, donde, según explicó, superó el miedo escénico al enfrentarse a unas gradas repletas de un público entusiasta. La piscina Picornell hirvió cuando Martín apareció para los 200 espalda, su prueba favorita.

La reina y la infanta

La reina Sofía y la infanta Elena presencian la carrera bajo el sol de la Barcelona mágica. Martín sale mal, bucea unos 15 metros y llega quinto al final del primer y segundo largos. Remonta poco a poco, pero se antoja insuficiente. A falta de 50 metros ocupa la tercera plaza mientras el ruso Vladimir Selkov se exhibe. Pero Martín muestra entonces una determinación extraordinaria. Descuenta metro a metro como si llevase un motor fueraborda y toca el primero. ¡Campeón olímpico! Le brotan las lágrimas y pasea la bandera de España. «Los momentos más emocionantes fueron ver a mi familia, subir al podio y recibir el apoyo de la Familia Real», describió. Hubo un secreto del éxito muy bien guardado. Se le buscó un hotel cerca de la piscina donde pudo descansar entre las eliminatorias y la final sin que le molestase el teléfono. Comía tranquilo algo que le compraban su padre y su hermano, dormía la siesta y de regreso a las Picornell.

Fue recordman olímpico ocho años y de España durante 16, hasta que Aschwin Wildeboer lo batió en 2008. «Barcelona fue todo como un sueño que muchas veces aún pienso que no es una realidad», resumió en una de sus últimas apariciones Martín, que se graduó en Recreación y rendimiento del cuerpo humano y la salud en la Universidad de Florida, estado donde vive con su mujer y sus dos hijos y entrena a un pequeño equipo de natación en Jacksonville. «Soy un afortunado», celebra.

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