LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ

EDUARDO AÍSA - CRÍTICA DE MÚSICA

Se acuerdan ustedes cuando había abundantes conciertos de música de cámara en el Auditorio del Ayuntamiento durante los meses de otoño, invierno y primavera a razón de uno cada semana? Eran magníficos conciertos agrupados en ciclos más o menos mensuales con temáticas interesantes, intérpretes espléndidos y unos programas de mano verdaderamente fabulosos, dignos de guardar por su contenido. Entonces había una institución, Cultural Rioja, empeñada en elevar el nivel musical de nuestro entorno, muy bien provista de fondos y mejor gestionada, que organizaba toda esa maravillosa actividad de cámara, además de ciclos sinfónicos en el Teatro Bretón, ballet, música antigua, jazz, flamenco, exposiciones, etc. Hace unos diez años llegó un tremendo vendaval en forma de crisis económica que arrasó un montón de cosas -algunas muy dramáticas, como la pérdida de empleos- y que, especialmente en el mundo de la música logroñesa, produjo una desolación mortal: no quedó ni uno sólo de esos numerosos conciertos de cámara y sinfónicos, ¡ni uno! Pasamos en un instante de un lujo asiático a una indigencia extrema, eso sí, sólo en música clásica, porque lo demás, exposiciones, flamenco, jazz, ballet, siguió más o menos igual.

Así que resulta una bendición cuando alguna institución privada organiza un buen concierto de cámara como este que les comento (un día cada uno o dos años, no piensen). En este caso, el Círculo Logroñés, que está celebrando el centenario de la inauguración de su sede social, ha contado con dos magníficos músicos, precisamente bien recordados por su participación en aquellos ciclos que les comentaba de Cultural Rioja que tan nostálgicos recuerdos me han suscitado.

El programa se iniciaba con el ensoñador Nocturno en re menor Op. 19 - 4 de Tchaikovsky, donde ya pudimos admirar el excelente sonido que Herwig Coryn extrae de su violonchelo, con un elegante paso de arco y una afinación perfecta, así como la eficacia acompañante de la pianista Eva Fontalba. A continuación seis de las siete canciones populares españolas de Manuel de Falla, en arreglo para violonchelo y piano, en una lectura repleta de detalles y matices, con un meritorio Herwig Koryn intentando dar el carácter español que requieren estas piezas, con esos quiebros, esas inflexiones y dejes que tan difícil de entender resultan a los intérpretes extranjeros. En este caso, el precioso apoyo de Eva Fontalba al piano y sus más de veinte años de residencia en España consiguieron una versión espléndida.

Cerraba la primera parte la formidable y temida Fantasía Bética para piano de Falla, para lucir el histórico piano Erard de 1880, adquirido en 1906 y recién restaurado, en el que han tocado intérpretes tan famosos como Wanda Landowska o Arturo Rubinstein -casi nada-. La Fantasía Bética es un auténtico 'tour de force' para cualquier gran pianista, erizada de dificultades, con constantes cambios de compás, de dinámicas y de efectos expresivos que ponen a prueba la memoria y agilidad del intérprete y ahí tuvimos a una heroica Eva Fontalba triunfadora absoluta, además sobre un piano histórico, que no tiene el mecanismo tan depurado de los pianos modernos Steinway o Yamaha. La segunda parte se desenvolvió en ese gran nivel, con la Vocalise de Rachmaninov y la deseada Sonata Arpeggione de Schubert en notables lecturas. Un precioso concierto con mi agradecimiento al Círculo Logroñés, que ha contado con la música de cámara en sus celebraciones, manteniendo viva la llama de la música, que otras instituciones más apropiadas no hacen.

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