La vida es sueño

Cada persona tiene sus propias necesidades de sueño. :: l.r.
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Cada persona tiene sus propias necesidades de sueño. :: l.r.

El sueño es una función fisiológica que permite restablecer las funciones físicas y psicológicas esenciales para un pleno rendimiento Dormir bien mejora la salud desde todos los puntos de vista

CARLOS RUIZ MARTÍNEZ

logroño. El príncipe Segismundo, personaje protagonista de 'La vida es sueño', obra maestra de Calderón de la Barca, desde la torre en la que se encuentra prisionero está continuamente pensando que está en un sueño. Segismundo en esta obra llega a la conclusión de que todo cuanto hace el hombre en su vida es un sueño (incluso soñar). «.... que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son».

El sueño es una función fisiológica que permite restablecer las funciones físicas y psicológicas esenciales para un pleno rendimiento. Podríamos decir que dormimos para poder estar despiertos por el día y que, precisamente porque estamos despiertos y activos durante el día necesitamos dormir.

1Hay que acostarse y levantarse a la misma hora
La cama es una rutina.
2 Si se hace siesta que sea corta
15-20 minutos.
3 Dormir las horas suficientes
Las que cada uno necesite.
4 Ambiente relajado y tranquilo en la habitación de dormir
No hay que estar en ella si no es para dormir. La lectura y la tele, al salón.
5 Si el sueño no gana la partida hay que levantarse y hacer cosas relajantes.
6 Durante el día, se debe tener actividad física para no llegar a la cama demasiado fresco
Pero se deben evitar los esfuerzos momentos antes de dormir.
7 A la cama no se va con hambre, pero tampoco llenos
No inflarse de agua u otros líquidos antes de acostarse.
8 El dormitorio, siempre bien ventilado y con buena temperatura.
9 Ni ruidos ni exceso de luz.
10 El colchón, ni duro ni blando.
11 Antes de ir a la cama, sienta bien alguna bebida caliente o un baño.
12 No café, ni nicotina, ni alcohol.
13 Nada de nervios, ni disgustos ni películas de miedo ni de acción.

Porque dormir y soñar son parte fundamental de la vida. Dos ciclos, el del sueño y la vigilia, el de la noche y el día, que se deben repetir con regular equilibrio todos los días. El sueño nos ayuda a vivir, a soñar lo imposible, a descansar, sentirnos bien, mejorar la calidad de vida, recuperar la energía, reparar nuestros tejidos, mejorar la salud, consolidar la memoria y el aprendizaje, borrar los malos recuerdos, regular los procesos metabólicos y hormonales. Dormir bien mejora nuestra salud desde todos los puntos de vista.

El sueño y la vigilia son dos ciclos que se deben repetir con regular equilibrio todos los días

El umbral de sueño para mantener las normales funciones fisiológicas y cronobiológicas de nuestro organismo se sitúa en torno a una media de 5 horas de sueño cada 24 horas. El resto de horas que dormimos contribuyen a mejorar nuestro bienestar y mayor calidad de vida, estimando que en una media de 8 horas podría encontrarse el punto óptimo de descanso. Aunque cada persona, a nivel individual, tiene sus propias necesidades de sueño dentro de unos márgenes razonables. Las horas necesarias de sueño son aquellas que nos permiten estar bien durante el día, sin sentir cansancio, falta de energía o somnolencia hasta la noche siguiente.

Estructura del sueño

Cada noche, mientras dormimos, pasamos por diferentes fases o estadios de sueño que se suceden con un patrón repetido a lo largo de cuatro a seis ciclos de sueño durante toda la noche. Todos estos estadios se incluyen en dos grandes tipos de sueño: el sueño REM y el sueño no REM.

El sueño REM aparece por primera vez aproximadamente a los 90 minutos de quedarnos dormidos. La actividad cerebral es rápida y de baja amplitud, pareciéndose más a la que presentamos en vigilia. Sin embargo, hay una importante diferencia respecto a la vigilia, y es que en este caso la actividad no es provocada por estímulos externos percibidos a través de los sentidos, sino por los sueños que tienen lugar en esta fase. Una de las características de esta fase es la relajación y la pérdida del tono muscular y la aparición de movimientos oculares rápidos.

A lo largo de la noche, este tipo de sueño se va alternando con las distintas fases del sueño no REM, aunque la mayor parte del sueño REM se suele producir al final de la noche. Por este motivo, cuantas más horas dormimos más probabilidades tenemos de recordar los sueños, puesto que recordamos los sueños cuando nos despertamos a partir de esta fase. Las alteraciones que se producen en esta fase afectan a la consolidación y recuerdo de lo que aprendemos durante el día.

El sueño no REM se divide en tres fases (fases I, II y III), en las que se va profundizando progresivamente en el sueño. La progresión de la fase I a la III comporta una profundización en el sueño que implica mayor aislamiento sensorial del entorno y por tanto mayores dificultades para despertar. La disminución del sueño profundo afecta negativamente en la recuperación física del organismo durante el día.

Para realizar un diagnóstico adecuado de los diferentes trastornos que pueden afectar al sueño se debe realizar una polisomnografía videovigilada en una Unidad Especializada de Sueño. Mediante esta prueba se realiza un registro electroencefalográfico de las ondas y actividad cerebral para clasificar las diferentes fases del sueño y un registro de otras variables fisiológicas respiratorias (oxigenación, ronquido, flujo de aire nasal y bucal, movimientos torácico y abdominal, posición). Su análisis e interpretación permite clasificar la estructura, calidad del sueño y trastorno del sueño en concreto.

Los trastornos del sueño.

Se clasifican en tres grupos.

1.- Disomnias. Se caracterizan por una alteración en la cantidad, calidad o el momento de dormir. Son los más frecuentes, se dan fundamentalmente en adultos, entre ellos se encuentra el Síndrome de apneas del sueño como uno de los más prevalentes, los diferentes tipos de insomnio, la narcolepsia y los trastornos que modifican el ritmo circadiano del sueño como el Síndrome de trabajo a turnos por ejemplo.

2.- Parasomnias. Se caracterizan por la presencia de conductas anormales durante el sueño asociado con episodios breves o parciales de despertar, sin que se produzca una interrupción importante del sueño ni una alteración del nivel de vigilia diurno. Entre ellas se encuentran el sonambulismo, los terrores nocturnos, pesadillas, despertares confusionales, bruxismo, movimientos anormales, etc. Son más frecuentes en niños, aunque pueden persistir hasta la edad adulta, en la que tienen un mayor significado patológico.

3.- Trastornos asociados a enfermedades médicas o psiquiátricas. Se trata de alteraciones que acontecen durante el sueño en pacientes que presentan enfermedades neurológicas (parkinson, epilepsia, demencias, cefaleas), respiratorias (asma bronquial, EPOC), cardiológicas (insuficiencia cardiaca), digestivas (reflujo gastroesofágico) y psiquiátricas (depresión, trastorno bipolar, esquizofrenia).

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